La milla en menos de cuatro minutos

Proeza de Roger Bannister

6 de mayo de 1954. El día amaneció frío con lluvía y viento. Roger Bannister se encontraba aquella mañana en el hospital de St Mary, en Londres, en el que estaba realizando practicas y terminando su doctorado sobre medicina. En uno de sus ratos libres sacó de su bolsa de deporte unas zapatillas de atletismo usadas. Le quito los restos de ceniza que tenía de días anteriores para aligerarlas y afiló los clavos con grafito. Su jornada laboral no había hecho más que empezar.

Camino de Oxford

Salió del hospital en dirección a la estación de tren para partir en dirección a Oxford. Viajaba solo, en segunda clase, y estaba inquieto por el clima, sin duda no era el que esperaba. Lo idóneo para su propósito era un día sin viento que rondara los 20º. Su cabeza no paraba de dar vueltas generando dudas. En el vagón coincidió con Franz Stampfl, su entrenador, con el que charló durante algunos minutos. Este le dio el siguiente consejo:

«Cuando se deja pasar una ocasión, igual luego no hay más. Un hombre en Inglaterra nunca puede esperar por el buen tiempo»

Llegada a Iffley Road

Su primera parada en Oxford fue a un restaurante en el que se había citado con un matrimonio amigo y sus hijas para comer. La lluvia y el viento continuaban sin cesar. Tras el almuerzo se dirigió al estadio de Iffley Road. En el viejo estadio hacía frío y la pista estaba mojada. Seguía sin estar seguro de lo que iba a afrontar, más aun cuando se fijó en una bandera de Inglaterra que ondeaba nerviosamente en lo alto de una iglesia cercana. Todo lo que dependía de él para afrontar este reto estaba hecho. Había entrenado solo, cinco días a la semana y una hora diaria para compaginar con sus estudios de neurología. Para rentabilizar el poco tiempo de entrenamiento buscó la calidad antes que la cantidad de series.

«Debes decidirte»

Era momento de prepararse. Solo en el vestuario seguía dudando de si sería capaz de alcanzar el objetivo que se había marcado. ¿Era suficientemente valioso intentar algo que nadie había conseguido jamás con el añadido de unas condiciones adversas? Sus compañeros Brasher y Chataway, que le ayudarían haciendo de «liebres», se impacientaban. A treinta minutos del horario fijado para comenzar la carrera entraron al vestuario. El silencio frío que se vivía en la estancia fue roto cuando se dirigieron a Bannister con un rotundo «debes decidirte». Tras unos minutos de indecisión paralizante, Roger Bannister volvió a mirar el tejado de la iglesia flanqueada por encima de chimeneas de ladrillo y coronada por la bandera con la cruz de San Jorge que antes serpenteaba nerviosa y que se había calmado con un ligero revoloteo. Entonces dijo: «Vale hagámoslo».

Una milla para la gloria

Saltaron los participantes a la pista con dorsales que comenzaban por el número cuatro, en alusión a los cuatro minutos que se pretendían rebajar. Bannister era el principal protagonista con el 41. La carrera dio comienzo. Las dos primeras vueltas fueron comandadas por Brasher con un buen ritmo. Después Chataway asumió el control pero la velocidad disminuyó haciendo peligrar el objetivo. Después de la tercera vuelta, Bannister escuchó por la megafonía el tiempo que llevaban y fue cuando este tomó el control de la carrera. Comenzó la última vuelta con un tiempo de 3 minutos exactos, tenía que terminarla en 59 segundos si quería conseguir su cometido. Pasó disparado junto a Chataway en la última recta. Se jugaba todo y ahora era sólo él y la pista.

3:59,40

Roger Bannister echó el resto y se vació hasta la cinta de meta que rompió con el pecho. El mundo se detuvo por un instante. La gran mayoría de asistentes aguardaban expectantes el tiempo final. Una minoría celebraba. Mientras el atleta aguardaba el resultado abrigado con una manta y recuperándose del gran esfuerzo realizado. La megafonía anunció el resultado final:

«Damas y caballeros, aquí está el resultado del evento número 9 del programa, la milla: primero, el número 41 Roger Bannister del Exeter y Merton Colleges, con un tiempo que establece un nuevo récord y que, sujeto a ratificación, será un nuevo hito en la historia de Gran Bretaña, Europa y el mundo. El tiempo oficial de 3:59,40»

El griterío de los asistentes ahogó el resultado del tiempo final. Había concluido la jornada para Roger Bannister, una jornada gloriosa.

Fotografía | Associated Express

Daniel Juárez

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