Hurricane

Cuándo Dylan cantó por Carter

«Aquí va la historia de Huracán, el hombre culpado por las autoridades por algo que nunca hizo. Lo pusieron en una celda pero alguna vez pudo haber sido el campeón del mundo»

Bob Dylan

Escenarios y cuadriláteros

Transcurría 1966 y Bob Dylan, con la reciente publicación de Blonde Blonde, se encontraba inmerso en su primera gira mundial que le tendría subido a los escenarios de medio mundo entre febrero y mayo. Ya había pasado un año desde la composición de Like a Rolling Stone, esa joya musical incluida en el álbum Highway 61 Revisited y que alcanzó el número dos en los Estados Unidos y el cuatro en el Reino Unido. También le valió para encontrarse personalmente después de una gran crisis existencial, incluso llegó a contraer matrimonio con la modelo Sara Lownds. 

Paralelamente la carrera de Rubin Carter como boxeador crecía en los cuadriláteros. Cuarto de siete hermanos, atrás dejó sus primeros años en Clifton donde con 11 años defendió a un amigo de ser violado por un viejo adinerado. Algo común en la época pues quién creería a un niño negro frente a un hombre blanco y poderoso. Carter le lanzó una botella de vidrio a la cabeza para que dejará en paz a su compañero pero el acosador lo agarró sin saber que Rubin tenía una navaja que uso para apuñalarle y zafarse de él. Una semana después fue detenido por un policía de la zona llamado Della Pesca que aprovechó para humillarlo por su color de piel y su visible tartamudez. Posteriormente fue juzgado por una corte de menores a permanecer en un violento reformatorio hasta los 21 años donde aprendió a sobrevivir entre peleas y abusos sexuales. Dos años antes de acabar la condena escapó y se alistó en el ejercito en la sección de paracaidistas donde aprendió a boxear. Tras varios años fuera volvió a su pueblo natal como campeón de peso Welter europeo. Todo parecía encauzarse en su vida pero de nuevo volvió a cruzarse con Della Pesca, está vez con el rango de sargento, que lo acusó de robar un bolso y lo encarceló de nuevo. El 21 de septiembre de 1961 salió libre y se juró no volver a pisar una cárcel más en su vida. Contrajo matrimonio con una joven de su barrio, tuvo un hijo y entrenó día y noche para convertirse en boxeador profesional. El año siguiente sería nombrado púgil del año tras conseguir más de una docena de victorias, en su mayoría por KO, lo que le valieron el apodo de «Huracán». Llegó a derrotar al legendario Emile Griffith o a Jimmy Ellis, campeón de mundial de los pesos pesados. Era una figura pública reconocida pero seguía sufriendo racismo por su color de piel. Muestra de ello fue el combate que disputó el 24 de diciembre de 1964 donde golpeó de tal manera a Joey Giardello, campeón mundial de peso medio en el momento, que parecía que Carter se llevaría el cinturón a casa. Tras el combate y una deliberación de 35 minutos los jueces decidieron que Giardello fuera el vencedor: un negro no podía ganarle a un blanco. A pesar de todo lo vivido hasta el momento su vida se estabilizó y el boxeo se erigió como el camino a seguir.

La gira infinita y el trago maldito

En mayo de 1966 Dylan acabó la gira exhausto tras recorrer Australia y parte de Europa. Le llovieron las críticas del público por incluir instrumentos eléctricos en sus actuaciones y de la prensa que lo acusaba de actuar bajo los efectos de las drogas. Su siguiente destino fue Nueva York donde le esperaba la ABC para grabar un documental, la editorial Macmillan para que terminase su libro experimental de prosa poética titulado Tarántula y por si fuera poco su representante, Albert Grossman, con un nuevo ramillete de conciertos para que se lanzara a la carretera cuanto antes.

En Paterson, Nueva Jersey, el 17 de junio avecinaba las buenas temperaturas de un verano apunto de llegar. Esa noche Rubin Carter decidió que era un gran momento para tomar un trago en un bar. A lo largo de la noche conoció a John Artis, un fan suyo de raza negra, con el que charló hasta bien entrada la madrugada. Artis se ofreció para llevarlo en su Dodge Polaro a casa. Pasaban las 2:30 cuando una patrulla de policía les obligó a parar y sin interrogatorio previo son conducidos por la fuerza al Lafayette Bar and Grill. No sería para charlar y beber esta vez, sino por un triple homicidio ocurrido a escasas horas. Varios cuerpos se encontraban tendidos en la barra mientras Patty Valentine, la camarera, afirmaba que había visto a dos individuos de raza negra alejarse en un Dodge Monaco.

Su paseo policial no había terminado. El siguiente destino sería el Hospital St. Joseph donde uno de los heridos del suceso comprobaría si eran sus agresores. Postrado en la cama aseguró que ninguno de esos dos eran las personas implicadas en el hecho. En ese lugar estaba el sargento Della Pesca, quien indujo al herido para que los reconociera. Carter se dio cuenta que aquel sargento, con el que ya se había cruzado anteriormente, quería involucrarlos en el asesinato.

El 29 de julio en una carretera cercana a Woodstock, Bob Dylan conducía su Triumph Tiger 100s del ’64 tras haberse reunido con su mánager. El día era soleado y la moto surcaba las carreteras de los Catskills a 100mph. A la altura de Striebel road la rueda de atrás se bloqueó, perdió el control y fue dando bandazos de un lado a otro hasta caer. Sara encontró el cuerpo de su marido tendido en la carretera, lo recogió y lo trasladó a casa de unos vecinos que recomendaron que lo llevarán a la consulta del doctor Ed Thaler en Middletown. Se certificó la rotura de una vértebra cervical, numerosas contusiones y varias heridas en la cara. Nunca se encontró un parte del accidente.

Anonimato en el hospital y un juicio injusto

Las semanas pasaban en el hospital para Dylan hasta contar seis en total. Días de recuperación, tranquilidad y visitas de las amistades más cercanas. Encontró el ansiado anonimato que necesitaba y una excusa para retirarse a su rancho para escapar de las presiones a las que estaba expuesto. Quería dar una vida normal al hijo que esperaba junto a Sara, lejos de fans, periodistas, jornadas maratonianas en el estudio de grabación y giras interminables. Durante este periodo se acabaron las actuaciones pero sin embargo continuó componiendo. Se reunía con los miembros de The Hawks para tocar en su casa y en el sótano de una casa denominada como Big Pink, situada cerca de su vivienda en una colina de West Saugerties. Llevaba una vida hogareña y sencilla que comenzaba dejando en la escuela a Anna Lea, Jesse y Jakob, a los tres hijos que tuvo con Sara durante 1967 y 1969. Después acudía a Big Pink donde preparaba una gran jarra de café, liaba unos canutos, y se sentaba en la sala donde se ponía a escribir canciones. Al mediodía despertaba a los miembros de la banda, preparaba otra jarra de café, liaba más canutos y empezaban a tocar canciones. De esta etapa surgieron las conocidas como cintas del sótano que quedaron recopiladas en uno de los primeros discos piratas de la historia, el Great white wonder que fue publicado en 1975 con el nombre de The basement tapes.

Recluido en las mismas fechas pero entre la cárcel de Trenton y Rahway se encontraba Carter, que rechazó vestir el uniforme y recibir comida de los servicios penitenciarios ya que no quería formar parte de un sistema injusto. Las amenazas dentro de la prisión estaban en su día a día, el propio director de la institución le dijo que no podría protegerlo si sufría alguna agresión física durante su reclusión.

El juicio a John Artis y Rubin Carter estuvo lleno de mentiras y prejuicios raciales. Empezando por el jurado conformado solamente de hombres blancos y siguiendo por la acusación del Estado, que utilizó a dos testigos que hicieron una identificación favorable basándose en que avistaron a «dos negratas en un coche blanco». Uno de estos testigos, con problemas con la justicia, no reconoció en un principio a Rubin y John como los asesinos pero cambió su declaración a cambio de su propia libertad. Sin pruebas concluyentes y con la única coartada de un móvil de venganza, ya que horas antes del crimen se produjo el asesinato de un tabernero negro a manos de un hombre blanco, Carter y Artis fueron condenados a 30 años de prisión.

Dylan conoce a Carter

Las apariciones de Bob Dylan seguían siendo contadas. Tocó junto a The Band en el memorial a Woody Guthrie, uno de sus ídolos de la infancia, apareció en el primer capítulo de The Johnny Cash Show y encabezó junto a su banda el cartel del Festival de la Isla de Wight. Su vida continuaba siendo tranquila y renegaba de aquellos fanáticos que lo acosaban, hasta tal extremo que no participó en el Festival de Woodstock, celebrado muy cerca de su casa.

Lejos de su hogar, «Huracán» Carter peleaba pero esta vez para conseguir la libertad demostrando que era inocente. Empezó a formarse en la cárcel donde estudió filosofía y leyes, y escribió The 16th Round donde hablaba de su vida y denunciaba su reclusión. Fuera crecía la expectación por el caso y las manifestaciones pidiendo justicia para Artis y Carter. A estas protestas se sumaron Muhammad Alí y el propio Bob Dylan que leyó la autobiografía de Rubin. Quiso conocerlo en la misma prisión y solicitó un permiso para hablar con el púgil y saber la situación que vivía de primera mano. Tras verse una idea rondaba en la cabeza de Dylan.

Componiendo una reivindicación

El encuentro con Rubin Carter no fue la única experiencia de Bob Dylan con el boxeo. El primer contacto con este deporte lo vivió en su juventud ya que durante la formación escolar lo practicó. Más adelante, en 1961 el ejecutivo musical Lou Levy lo llevó al restaurante del boxeador Jack Dempsey, campeón mundial de los pesos pesados entre 1919 y 1926. Estaba en Nueva York, situado en la esquina entre la calle 58 y Broadway. Allí Charlaron sobre boxeo y Dempsey le dio una serie de consejos para mejorar sus golpes, ya que el cantautor seguía practicándolo siempre que podía. En sus canciones también han estado presentes los boxeadores y los cuadriláteros. En 1963 escribió Who Killed Davey Moore dedicada a Davey Moore, campeón de peso pluma, tras fallecer por las lesiones que sufrió en una pelea ante «Sugar» Ramos. Un año más tarde hizo referencia a Muhammad Ali en la composición titulada I Shall Be Free No. 10. Estos no sería sus últimos versos sobre boxeo.

Era el verano de 1975 cuando Dylan se decide a contar la historia de Rubin Carter y junto a Jacques Levy compuso Hurricane. La producción corrió a cargo de Don DeVito y desembocó en una canción de ocho minutos de duración organizada en veintidós estrofas agrupadas en once parejas de cuatro + cinco versos. La composición estuvo rodeada de una cierta mística en gran medida por la inclusión de Scarlet Rivera a la que Bob Dylan decidió incluir en su banda cuando este paseaba y la encontró tocando su violín en la calle. Le propuso la idea y la violinista aceptó. Rivera estaba rodeada de misterio, era una persona de pocas palabras pero que sin duda llamaba la atención por su maestría tocando mientras se balanceaba sobre los escenarios. La participación de la violinista fue fundamental para enriquecer la canción con pequeños interludios entre cada verso a modo de transiciones junto la armónica de Bob. El resto de la banda en la canción estaba compuesto por Luther Rix (congas), Howie Wyeth (batería), Steven Soles (guitarra) y Rob Rothsten (bajista).

Problemas con la discográfica

Dylan ejerce de narrador situándose a favor del boxeador y eso no gusta a la discográfica. Levy discute por teléfono con el abogado para cambiar la letra. El single saldrá en una semana y la posibilidad de que les demanden tiene a todos nerviosos, excepto Dylan, que toma su habitual jarra de café vestido con su sombrero de gaucho. Finalmente Parece ser que la historia contiene licencias con el fin claro de influenciar a todo el que la escuche en favor del boxeador que podrían haber acabado con acciones legales indeseadas. Tras los cambios exigidos que se realizaron comenzaron las sesiones definitivas en octubre y se editó como single en noviembre. Aun así, no se libró de pasar por los tribunales. Abría el álbum Desire, publicado en enero de 1976, alcanzó el puesto treinta y uno en Estados Unidos y fue single de oro en países como Australia e Italia.

Rubin Carter continuó en la cárcel por un tiempo pero Hurricane sirvió para expandir y dar a conocer la historia de un boxeador que fue encarcelado de manera injusta en una época en la que se usaban en muchas ocasiones a las personas de color para culpar de hechos que no habían cometido. Bob Dylan volvió a los escenarios donde la cantó durante un tiempo pero dejó de estar entre su cancionero para convertirse un grito para la libertad, esa que el boxeador consiguió un 9 de noviembre de 1985.

«No estoy en la cárcel por asesinato. Estoy en la cárcel porque soy un negro en Estados Unidos de América, donde quienes ostentan poder sólo permitirían a un negro ser un bufón o un criminal»

Rubin «Huracán» Carter

Fotografía | Associated Press | John Launois | Ken Regan | NJ Photos

Daniel Juárez

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