Thierry Sabine

El inventor del Rally Dakar

Ideólogo y creador del Rally París-Dakar, ese fué Thierry Sabine. Nacido el 13 de junio de 1949 en Neuilly-sur-Seine, ciudad del área metropolitana de París, se crió en el seno de una familia acomodada en la que su padre se desempeñaba como dentista y su madre como una reconocida anticuaria. Relacionado con el mundo del motor desde joven, era habitual del campeonato de Francia de rallies con un Porsche y llegó a ser campeón de Francia en circuitos. Paralelamente también había organizado pruebas como promotor en su país.

Inicio en la aventura del Rally París-Dakar

Los circuitos se le quedaban pequeños y la pasión por la aventura circulaba por sus venas. Atraído por las grandes epopeyas de los grandes exploradores galos de principios del siglo XX y la pugna entre Renault y Citroen en los años veinte, se embarcó a lomos de una Yamaha XT500 en el Rally Abidjan-Niza en enero de 1977 que organizaba Jean Claude Bertrand desde 1974.

Sabine seguía la travesía cuando al atravesar el desierto de Tènèrè, equivocó la ruta y se perdió. En su desesperación por encontrar el rumbo correcto sufrió una caída y sus precarios instrumentos de navegación, una brújula y un reloj, se rompieron en el accidente.

“No tengo compás ni reloj, son ya dos días y dos noches perdido en el desierto, bajo un sol que comienza a hacerme perder la razón. La total ausencia de sombra es una sensación opresora, que engendra un sentimiento parecido al de la claustrofobia. Entonces decido alejarme de mi moto. En calcetines y succionando las piedras para provocarme saliva, comprendo que mi vida vale cada vez menos. Y es entonces cuando prometo que si salgo con vida de esta experiencia barreré cuanto de superficial contenga mi existencia”

Sabine hizo una gran cruz con piedras en el suelo para llamar la atención a los equipos aéreos de rescate, y así fue como un avión consiguió divisarlo y lo rescató. Esta experiencia en la que estuvo al borde de la muerte le sirvió de inspiración para crear el Rally París-Dakar.

El 26 de diciembre de 1978, 87 motos y 89 coches se dan cita en la Plaza del Trocadero de París, al borde del Sena y frente a la Torre Eiffel, para emprender el primer Rally París-Argel-Dakar con un único lema:

“Un desafío para los que van, un sueño para los que quedan atrás”

Sabine, con un impecable mono blanco los despide uno a uno. Todos ellos, antes de emprender esta nueva aventura, han respondido a tres preguntas en un cuestionario:

  • ¿Por qué le interesa participar en el Rally París-Argel-Dakar?
  • ¿En qué forma se ha preparado para este rally?
  • ¿Es consciente de que esta prueba comporta ciertos riesgos?

De los 176 participantes que comenzaron la prueba en París solo quedaron 74 vehículos que llegaron a Dakar. Los tres primeros clasificados fueron motoristas: Cyril Neveu, Gilles Comte y Philippe Vassard. La carrera todavía estaba lejos de alcanzar la magnitud que ahora tiene, pero resultó un éxito, aumentando la inscripción de cara a la siguiente edición, que incrementó su recorrido y las jornadas de competición. En 1980 se instituye el inicio el 1 de enero, y durará hasta el 23 de ese mes, y desde entonces se organizan clasificaciones independientes de moto, coche y camión. El éxito de la carrera se confirma edición tras edición.

Consolidación de una idea

La prueba reunía a pilotos profesionales como Jacky Ickx o Gaston Rahier y consigue unir bajo el mismo espíritu de la competición a corredores profesionales con los pilotos amateur que se inspiran en el evocador mito de Sabine. Bajo las mismas reglas, el desierto iguala a los bon vivant como Claude de Montcorgé, que se lanzó a la aventura del Dakar al volante de su Rolls Royce, con pilotos de moto que preparaban su montura en el garaje de casa, con la ayuda y los ahorros de familiares y amigos. No había clase ni condición; el desierto se encargaba de igualar a todos. Ése era el espíritu de la competición, la esencia del mensaje que Sabine quería transmitir.

La prueba pasó por dificultades como cuando se perdió Mark Thatcher, hijo de la ExPrimera Ministra de Reino Unido. Esto sirvió de excelente publicidad para la prueba, o cuando  la caravana estuvo a punto de quedarse sin combustible y los pilotos se declararon en huelga. Pero la personalidad arrolladora, controvertida y carismática de Sabine infundía el respeto necesario para manejar la gigantesca caravana del Dakar. Era capaz de darlo todo por la prueba y sus pilotos.

Accidente

El 14 de enero de 1986 una tormenta de arena sacude a la caravana en pleno Tènèrè, en la etapa Niamey-Gouma-Rharous, que estaba dividida en dos tramos especiales. La tormenta arreció por la tarde y Sabine volaba en su helicóptero en busca de pilotos perdidos, intentando reagruparlos y orientarlos en medio del vendaval. Esa misma mañana, antes de la salida, había arengado a los pilotos:

 “Hoy comienza el Dakar: ya no hay pistas, ni horizonte, ni balizas…”

La visibilidad era escasa, pero lograron divisar a lo lejos, en medio de la tempestad, una luz que parecía los faros de un vehículo. El helicóptero avanzó hacia él para ayudarle, pero chocó contra una duna, la única en 150 kilómetros a la redonda, y se estrelló violentamente. Sus cinco ocupantes fallecieron: Sabine, el piloto François-Xavier Bagnoud, el cantante Daniel Balavoine, la periodista Nathaly Odent, y el técnico de RTL Jean-Paul Le Fur.

La noticia tardó en conocerse debido a la complicación de las comunicaciones. Cuando los organizadores se levantaron para iniciar la jornada descubrieron lo sucedido y se lo comunicaron a los pilotos. Esa jornada se realizó neutralizada hasta Bamako, una decisión tomada de antemano debido a la delicada situación en la frontera de Mali con Bourkina-Fasso, que estaba en guerra.

Es allí, en Bamako, donde Patrick Verdoy toma las riendas de la carrera y decide llevarla adelante, como así había decidido Sabine que se hiciera, si él desapareciera. Y es así como el Dakar siguió adelante, de eso hace ya casi 30 años, de la mano de Verdoy y de Gilbert Sabine, el padre de Thierry, antes de que la TSO (Thierry Sabine Organisation) terminara entregando la carrera a ASO (Amaury Sport Organisation), actuales organizadores de la carrera.

Aunque las cosas han cambiado mucho desde su muerte, el espíritu de Sabine sigue impregnando la carrera, todavía ahora, en América. El destino le ofreció siete años más de vida para que pudiera regalarnos sus ideas, ese sueño de libertad y pureza que él supo transformar en una apasionante carrera, que volverá a ponerse en marcha a miles de kilómetros del hogar de Sabine, el desierto africano.

Fotografía | Yelles MCA

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