Cultura

La Super Bowl y Bad Bunny

La jornada en la que Benito aprovechó el escaparate de la Super Bowl para lanzar una proclama de unidad a las políticas de Donald Trump.

No son ellos, es el mensaje

Con la Super Bowl y con Bad Bunny me pasa lo mismo, no son mis debilidades, pero lo he intentado con ambos. Con la primera lo probé empapándome de fútbol americano y más allá de la espectacularidad de los placajes y las carreras, no logro encontrarle el punto. Quizá por las constantes pausas durante los partidos. Varias Super Bowls las escuché por la radio, más por el show desfasado radiofónico, que por el evento en sí. En vez de los partidos, recuerdo las sobradas del equipo del programa, las copas sonando de fondo y algún anuncio publicitario que le costó el puesto a uno de ellos —le sentó mal al anunciante—, lo que provocó que posteriormente sus compañeros abandonasen la cadena en manada hacia la competencia, la emisora de los curas. Esa es otra historia que no nos concierne.

Volviendo al fútbol americano, solo he visto un partido en televisión en mi vida y me quedé dormido antes del descanso. Disfruto más con las imágenes o historias que hay alrededor de este deporte: fotos icónicas como la de Jerry Mays bebiendo una birra en el vestuario o relatos como el del robo de la camiseta de Tom Brady después de ganar su quinta Super Bowl.

Con Bad Bunny me introduje en su música con el álbum DeBÍ TiRAR MáS FOToS. Se me acabó el carrete a la segunda escucha; no es mi música. He de reconocer que algún «día tonto» te hace moverte, sin duda, la música también es eso. Este año la NFL y el artista puertorriqueño se unieron. Que metieran a Bunny en el showtime no podía atraerme menos. Los estadounidenses tienen una capacidad de espectáculo cojonuda, pero el acto en sí no me seduce: me gusta la música, no los fuegos artificiales.

Mi expectación debería haber sido mínima ante dos cosas que no son lo mío, pero algo me llamó la atención: Donald Trump no iba a acudir a un evento tan americano. El magnate y presidente de los Estados Unidos se llevó un sonoro abucheo al asistir a la final masculina del US Open 2025 y, quizás, quería evitar que le sucediese lo mismo en California, lugar donde se iba a celebrar el partido, un estado reconocido por su legislación progresista y gobernado por el demócrata Gavin Newsom. Creo que tampoco le iba a dar una gran bienvenida Green Day, grupo que abría el evento, con el que ha mantenido una confrontación abierta durante años. El primer presidente en enfrentarse a dos juicios políticos dijo que no acudiría porque la elección de las actuaciones era «terrible» y buscaba «sembrar odio». Quién lo diría.

En la previa del partido, Mack Hollins, receptor de los New England Patriots, llegó descalzo y con un traje de presidiario al estadio. Se dice que fue para protestar contra el ICE, aunque también se comenta que Hollins es simplemente un tipo extravagante que ya se ha disfrazado antes. No vi el partido, pero sí las actuaciones. Los de Billie Joe Armstrong me decepcionaron un poco, a pesar de gustarme su música; en cambio, Benito Antonio Martínez Ocasio dominó el escenario durante el espectáculo de medio tiempo, cerrando su actuación con un mensaje de unidad, amor y reivindicación del continente americano. Puede que no te guste un estilo de música o un deporte, pero cuando se unen para lanzar un mensaje contra un tipo autoritario, racista, machista, negacionista, merece la pena.

Fotografía | EFE

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