Rugby salvaje

Deporte de caballeros

Rugby salvaje representa la esencia del «juego de villanos jugado por caballeros». Es una de las frases más representativas y de la cual se desconoce con exactitud a su autor aunque su finalidad está clara: juego limpio y espíritu deportivo.

Este deporte nació en Inglaterra cuando William Webb Ellis, estudiante de teología del Colegio Rugby, se cansó durante un partido de fútbol, cogió la pelota con las manos, salió corriendo y marcó un gol. Una placa colocada en 1900 por la Old Rugbeian Society  en lugar de los hechos dejó constancia de lo acontecido:

«Esta placa conmemora la hazaña de William Webb Ellis quien con fina indiferencia por las reglas del fútbol como se jugaba en su tiempo, tomó por primera vez la pelota en sus brazos y corrió con ella dando así origen a la característica distintiva del juego de rugby»

El uniforme de juego es una de las señas de identidad de cada equipo. Siempre impecables al inicio del encuentro y embarradas al finalizar. En este caso las reglas son las mismas pero el rival será distinto. Algo a lo que nunca el hombre se ha enfrentado en ningún deporte.

El adversario en esta ocasión es un bosque en su versión más salvaje. Aquí no valen los «up-and-under». Los villanos serán los altos árboles a los que hay que esquivar en carrera a golpe de «dummy».

El terreno de juego no serán los impecables estadios de los países con más tradición: África del Sur, Australia, Nueva Zelanda o Reino Unido. La espesa maleza llegará en ocasiones hasta las rodillas.

El objetivo es llevar el óvalo, de 26 cm, sobre o detrás de la línea de meta colocada al final del bosque a través de un ensayo. No sirve pasar la pelota al compañero que llega por detrás. Es un duelo entre el hombre y la naturaleza.

Este no será un encuentro amistoso y no habrá un tercer tiempo en el que charlar y disfrutar de una buena cerveza. El premio no será una gran copa alzada al cielo sino la gloria de derrotar a un rival nunca visto.

Jugador de rugby de Escocia con Balón

Fotografía | Javier Villabrille | Modelo | Luis Gadea | Texto | Daniel Juárez 

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