Ilia Topuria campeón
Topuria subió de madrugada al octógono y derrotó al gran campeón Volkanovski. Me parece que le resultó más sencillo noquear al imbatido y aguerrido australiano que superar toda la presión que llevaba soportando desde hace muchísimo tiempo, quizás desde que nació. Su ego había extendido bravuconadas de tal calado que tenía difícil estar a la altura de las expectativas y, sin embargo, así lo hizo. Porque en la UFC todo vale, son las artes marciales mixtas muy permisivas, pero no hubo patada, llave ni agarre que valiera. Un directo en la tez del ya excampeón del mundo, en la mandíbula concretamente, finiquitó la contienda. Un puñetazo salvaje, una serie de uno‐dos y que le nació al georgiano de las entrañas, propia de John L. Sullivan o Jack Dempsey, resolvió el asunto y todos los enfrentamientos de la historia, toda la ciencia boxiana se concentró en ese certero golpe natural del noble arte del aporreamiento que alcanzó la cara de Aleksander. El rito sagrado y primitivo del combate, la animalidad más salvaje y fraternal de Caín frente Abel, del individuo solitario en su unicidad contra su némesis, frente a un igual peligrosamente similar a uno y ambos dentro una jaula de ocho lados convertida en el infinito eterno, un campo de batalla más que pasa a la historia del deporte. El Honda Center de Anheim, California, no intuía tal resultado, pero el vigor y la juventud del georgiano de Halle, del alicantino de adopción, se sobrepusieron al favoritismo y popularidad del último gran tirano del peso pluma de esta barbaridad, tal vez la modalidad más violenta y similar al pionero Pancracio (toda la fuerza) heleno. Ese pugilismo olímpico del todo vale y que Homero ya citaba en sus textos (648 A.C.). La mañana del 18 de febrero del 2024, Topuria comenzó su reinado en la UFC. Arranca su camino y su agonía hacia la derrota, porque nadie vence eternamente y quizás por ello el laurel olímpico coronaba a los vencedores de la antigua Grecia como símbolo de lo efímero y coyuntural de tal circunstancia. Nada es perpetuo y con el implacable paso del tiempo llegará la decrepitud, de ahí el mérito de la hazaña y todo lo que se dilate el esplendor. Volkanovski, con su caída, empezará a partir de hoy a entender y apreciar lo extraordinario de su carrera y sus gestas. Su reinado ha expirado, el Rey ha muerto ¡Viva el Rey! Es un georgiano de Alicante, se llama Ilia Topuria y se ha coronado con un directo de lo más boxísitico. Ojalá que se mantenga en su agonía (contienda), lo que sea será bienvenido. Ha hecho historia.
Fotografía | UFC

