Deporte

La Liga de Iniesta

Un jugador de leyenda, pero un tipo normal. La pelota le echará de menos tras su retiro como profesional y nosotros como ese mortal de a pie.

La de un tipo sencillo

Cuelga las botas Andrés Iniesta Luján. Un tipo sencillo hasta en el nombre de pila. Sorteó los clichés del futbolista moderno con la misma maestría con la que cocinaba sus croquetas en los terrenos de juego. Mientras sus compañeros de vestuario ordenaban el neceser de Louis Vuitton, él se manchaba las manos con rotulador azul acordándose de su amigo Jarque. Ni se puso pelo, ni se fue al solárium, ni se cortó las medias, ni se tatuó una estrella en el codo. Cada uno juega como es y 90 minutos sobran para conocer al de Fuentealbilla. Cae bien hasta en ChamartínSupongo que la vida está llena de Iniestas. Buena gente sin estridencias. Se sientan a tu lado en el avión y te piden disculpas si te rozan con el brazo. Nadie escribirá de ellos en Revista Supporter porque no marcaron gol en Johannesburgo ni están en el pódium de los tres mejores jugadores españoles de la historia. Pero el mérito deportivo de Iniesta es tan obvio que resulta interesante remarcar su legado personal dentro del mundo del deporte en general y del fútbol en particular. El tipo con el que compartes vuelo puede que esté librando alguna batalla relacionada con la salud mental, o quizás seas tú el que lo esté haciendo. Da lo mismo. Andrés se atrevió a destapar el tarro de la vulnerabilidad del futbolista profesional hablando públicamente de su depresión. Pero si lo tiene todo, decían. No compartes toque con Andrés, pero sí puedes compartir problemas. Quizás tengas la misma alopecia o quizás tengas que escapar del sol en agosto para no escalfarte cada verano. Ahí sí nos vemos jugando cerca del 8. Devolviéndole la pared. Cuentan que su negocio con el vino le está dando pérdidas. Dejando a un lado el pequeño detalle de su condición de multimillonario, hace gracia imaginarse a Andrés peleando con un excel, con los niños ya acostados, para que le salgan las cuentas de su inversión vinícola. No tengo pruebas pero tampoco dudas, la presbicia se ha instalado en Andrés y tiene que estirar el brazo para leer el último whatsapp que le ha llegado: «Valeria tiene judo mañana. Acuérdate de recogerla a las 18:00». Andrés ganó un mundial, dos eurocopas y cuatro champions, pero siempre ha jugado en la misma liga que todos nosotros.

Fotografía | Kipish Fön

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