El púgil

Golpe a golpe

Cuando Graham Dean pinto el pugilista en 1975 plasmó la dureza del boxeo en la figura de un hombre golpeado, amoratado, ensangrentado y extasiado que representa las señas de un deporte tan crudo como glorioso. Un púgil que podría ganarse la vida con sus puños por unos cuantos cuartos en una época de principios del siglo XX en callejones, trastiendas, muelles y en los más bajos fondos de la sociedad. El dinero volaba con las apuestas de los espectadores, pendencieros, marineros, borrachos y todo tipo de calaña, pero a sus manos hinchadas únicamente llegaba lo justo para adquirir algo de comer y una botella del peor alcohol en el que bañaba su dolor y ahogaba las penas de una vida tan dura como los puños de sus oponentes.

Cuando el púgil peleaba huía al instante de sus miserias como lo hizo Antonio Machado del franquismo cuando se exilió a Colliure. Él también fue un exiliado por obligación que abandonó su país en busca de una vida de oportunidades haciendo lo que más le gustaba, boxear. Por paralelismos existenciales, Machado se convirtió en un referente para el boxeador que leía sus versos para ocupar los ratos de soledad y tenía un ritual antes de cada combate en el que tras ponerse las vendas en los nudillos recitaba uno de sus poemas más célebres y con el que más identificado se sentía:

Todo pasa y todo queda,

pero lo nuestro es pasar,

pasar haciendo caminos,

caminos sobre el mar.

Nunca perseguí la gloria,

ni dejar en la memoria

de los hombres mi canción;

yo amo los mundos sutiles,

ingrávidos y gentiles,

como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse

de sol y grana, volar

bajo el cielo azul, temblar

súbitamente y quebrarse…

Nunca perseguí la gloria.

Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace camino

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino

sino estelas en la mar…

Hace algún tiempo en ese lugar

donde hoy los bosques se visten de espinos

se oyó la voz de un poeta gritar

«Caminante no hay camino,

se hace camino al andar…»

Golpe a golpe, verso a verso…

Murió el poeta lejos del hogar.

Le cubre el polvo de un país vecino.

Al alejarse le vieron llorar.

«Caminante no hay camino,

se hace camino al andar…»

Golpe a golpe, verso a verso…

Cuando el jilguero no puede cantar.

Cuando el poeta es un peregrino,

cuando de nada nos sirve rezar.

«Caminante no hay camino,

se hace camino al andar…»

Golpe a golpe, verso a verso.

Pintura | Graham Dean | Póema | Antonio Machado

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