Craven Cottage

El jardín del Fulham

A unos nueve kilómetros de Londres y sumido en la tranquilidad de los distritos de Hammersmith y Fulham se encuentra Craven Cottage. En un ambiente suburbano rodeado de barrios residenciales a la orilla del río Támesis, el mismo que moja los esféricos díscolos que se escapan del verde y sobrepasan la grada. Esta es la casa de los Cottagers, aficionados del Fulham Football Club, los mismos que describen al afluente que abraza a su estadio como «El Río de los Sueños».

Orígenes

Corría el siglo XVIII, en el contexto intelectual y cultural de la Ilustración, más conocida como el «Siglo de las Luces» por prevalecer una mentalidad que hace de la ciencia y la razón verdades incuestionables que permiten el progreso de la humanidad. Allá por 1780, el Barón William Craven construyó un Cottage o casa de campo en lo que actualmente es el círculo central del estadio. Se trataba de un lugar de ocio y esparcimiento en un paraje magnífico rodeado de frondosos bosques que constituían un área de caza real porque en las zonas colindantes se encontraban los cotos de Ana Bolena. Por aquella construcción pasó mucha gente y durante un tiempo vivieron personas de toda índole, desde nobles, escritores o asesinos. Famosos son los nombres de Edward Bulwer-Lytton, Sir Arthur Conan Doyle, Jeremy Bentham e incluso se rumoreaba que la Reina Victoria lo usó cuando quería alejarse de sus obligaciones reales. En 1888 un incendio que arrasó la zona acabó con la pequeña construcción que terminó a su vez abandonada.

Por esa época el Fulham llevaba una década deambulando de prestado sin sede fija donde disputar sus partidos. Los directivos de aquel entonces pensaron en aquel terreno que había junto al Támesis y en 1894 llegaron a un acuerdo con los propietarios de la zona para su compra. El terreno estaba calcinado y en pésimas condiciones lo que provocó un arduo trabajo para adecentarlo y convertirlo en un campo en el que se pudiese jugar al fútbol. Las obras duraron dos años y los encargados de esta labor fueron los anteriores propietarios a cambio de un porcentaje de las taquillas de los partidos que se disputarían cuando estuviese acabado.

Por fin, el 10 de octubre de 1896 pudo inaugurarse la primera y hasta ahora única sede fija y en propiedad del club. Fue contra el Minerva por la Middlesex Senior Cup. El encuentro quedó 4-0 a favor de los locales y significó la primera victoria en su nuevo hogar. La modesta instalación contaba con cuatro pequeñas plataformas de madera equipadas con 250 asientos en cada una, lo que le mereció el apodo de «conejera».

Paso por la historia

La alegría duró poco ya que la seguridad del recinto era escasa lo que provocaba pequeños accidentes de los espectadores. El Consejo del Condado de Londres, preocupado de que pudiese ocurrir una tragedia mayor, advirtió a los dueños del Fulham a tomar medidas bajo la amenaza de cerrarlo y prohibir la disputa de partidos. Fue entonces cuando la directiva contrató a Archibald Leitch, constructor de los estadios británicos más famosos de la época y que merece capítulo aparte. Este hombre diseñó recintos tan legendarios como Anfield, Celtic Park, Goodison Park, Highbury, Ibrox, Vila Park o White Hart Lane. El presupuesto para la nueva obra fue de 15.000 libras esterlinas. El arquitecto escocés levantó un estadio de estilo victoriano, con forma cuadrada, cuatro gradas y esquinas al aire libre. Pero la obra tuvo dos errores. El primero fue la falta de vestuarios en la planificación que se solventó con el Pavillion (el actual Cottage) donde también se habilitó un balcón con varios asientos reservados para que los familiares y amigos de los futbolistas contemplasen los partidos. También se erigió en el pasado como sede donde la junta se reunía para tomar las grandes decisiones del club. El segundo error fue la fecha de fundación del equipo en uno de los escudos de la fachada de la calle Stevenage Road. Leitch fechó como época de fundación el año 1880 mientras que el equipo se creó un año antes en 1879. A diferencia del primer error este nunca se subsanó y hoy día se puede ver.

Conforme fue pasando el tiempo el estadio fue mejorando. El ascenso del club a primera división en 1949 provocó mejoras en el recinto y más tarde en 1962 se instalaron los focos, un marcador electrónico y un techo sobre la grada de Hammersmith End. En 1978 se estrenó la grada Eric Miller, que da la espalda al río Támesis, más conocida actualmente como Riverside Stand. Con esa reforma se evitó que los aficionados que se sentaban en esa parte se girasen para ver pasar las embarcaciones de la famosa regata entre Oxford y Cambridge siempre que coincidía con un partido del Fulham. Hoy en día esta carrera se sigue celebrando una vez al año y continúa pasando junto al estadio.

La última reforma llegó tras la tragedia de Hillsborough, la que dio pie al «informe Taylor» y que obligó a terminar con las localidades de pie y a mejorar los accesos de entrada y de salida. En 2001, con el ascenso del equipo a la Premier League, se trataba del único equipo de primera que no tenía a la totalidad de sus aficionados con asiento asignado. Con estas circunstancias tuvieron que dejar su hogar durante un tiempo. El traslado momentáneo a Loftus Road, estadio de sus enemigos del Queens Park Rangers, provocó la presión de los aficionados a la directiva. Se crearon los «Fulham Supporter Trust» que abogaban por la vuelta a la que era su casa. Finalmente estas acciones dieron sus frutos en 2003 donde se empezó la remodelación para sentar a todos los aficionados. El Fulham volvió a disputar partidos en su casa en la temporada 2004-2005.

Una tarde en Craven Cottage

La nostalgia de vivir la esencia del fútbol se siente a la hora de ir a ver un encuentro a este estadio. Acudir a Craven Cottage te lleva a sentir un fútbol de otra época jugado por actores de la actual. Nada que ver con los recintos de hoy en día que respiran ambiente a centro comercial.

Tras un almuerzo a base de comida italiana y cerveza en el centro de Londres el metro es la mejor herramienta para acudir a la cita del día. La parada de Fulham puede llevar a confusión ya que no es la que lleva al campo. Lo mejor es seguir a los aficionados con los colores del equipo. En cada parada suben más simpatizantes y finalmente se produce el desembarco en Putney Bridge. Lo primero en llamar la atención es la iglesia All Saints con sus tumbas a la vista en el jardín y donde muchos fans acuden al interior antes de los partidos reclamando suerte para su equipo. A continuación atravesar el parque Bishop donde un día cazó la realeza y donde ahora muchos aprovechan para pasear, hacer deporte o llevar a los niños al parque. La educada afición cottage con sus impecables bufandas blanquinegras va aumentando según avanza el recorrido hasta llegar al estadio.

Ya en la calle Stevenage Road se vislumbra la fachada de ladrillo rojo en la que se encuentra un gablete con el escudo del club y el Pavilion con el nombre y los colores blanco y negro del equipo. Ambas construcciones están protegidas por ley, por lo que no se pueden modificar. La estatua de Johnny Haynes custodia las entradas principales. Haynes es el jugador más laureado del Fulham donde estuvo durante 18 temporadas entre los años 1952 y 1970 llegando a jugar 658 partidos (récord del club) y marcando 158 goles. Falleció en 2005 en un accidente de tráfico y desde 2008 una estatua suya preside una de las gradas más antiguas del fútbol. Obligatoria una visita a la tienda, un pequeño establecimiento donde poder encontrar desde calendarios, tazas, bufandas, gorras, la nueva camiseta del club, ediciones vintage o maquetas del estadio.

La entrada del partido indica que será por Stevenage Road. El acceso es a través de unas pequeñas puertas donde la seguridad controla cualquier detalle peligroso que pueda portar el aficionado. Parece ser que la cámara fotográfica no es problema, a pesar del estricto control que está llevando la Premier League estos últimos años con las grabaciones dentro de los recintos futbolísticos. Ya en el interior se demuestra que es coqueto por fuera pero también por dentro con un cuidado de todos los detalles.

Por fin enfilar la bocana de salida para ocupar la localidad en la grada Johnny Haynes Stand donde se encuentra los famosos asientos de madera. Sentarse a pie de campo, a ras de césped, respirando el olor del verde, viendo como los jugadores se ejercitan antes de la contienda. Del equipo rival, el Preston North End, se han desplazado cerca de mil espectadores para presenciar el encuentro que empiezan a calentar con canciones pegadizas. Mientras los Cottagers llenan las gradas con cierta tranquilidad y educación. La música con el himno del club empieza a sonar y ambos equipos saltan al terreno de juego. La atmósfera es inmejorable y comienza el partido. A los 11 minutos se adelanta el equipo rival. Sus hinchas explotan de alegría y los locales lejos de decaer entonan cánticos de ánimo. La calidad brilla por su ausencia en el juego pero el partido es intenso, puro espectáculo inglés. Final de la primera parte, momento ideal para guarecerse de la humedad del Támesis, que recuerda a la del Manzanares en el estadio Vicente Calderón. Beber una cerveza de verdad (no las mentiras sin alcohol que ofrecen los modernos campos de hoy en día). Llama la atención que te la puedes beber en la botella de cristal, eso sí, no intentes acceder a las gradas con ella. Repuesto y a por la segunda parte. Misma intensidad y misma tónica. El equipo local busca el empate con más ahínco pero se le escapan los minutos. Falta al borde del área visitante a poco de terminar. Ross McCormack clava la bola en la escuadra tras golpear en el larguero. Corre a celebrar el gol con la afición, enfrente, la sensación es magnífica. El encuentro se duerme hasta el pitido final del árbitro. El empate sirve de poco pero nada que no pueda solucionar una buena pinta de cerveza.

Futuro

En octubre de 1938, un partido entre el Fulham y el Millwall acogió a 49.335 espectadores convirtiéndose en el récord de asistencia al estadio. Actualmente dispone de 25.700 asientos pero a partir de 2019 se realizará un proyecto de remodelación que durará dos años de la grada de Riverside Stand, la más grande del recinto, para ampliar a 29.600 la capacidad. El bagaje del club más longevo de Londres va estos últimos años entre la Premier League y el Championship, con más gloria que la reciente final de la Liga Europa de 2010. Puede que haya estadios más grandes, más cómodos y más modernos pero ninguno puede con el encanto del paso de la historia que desprende Craven Cottage, el jardín del Fulham.

Daniel Juárez

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