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Alice Marble

Una vida de película es la que tuvo la tenista Alice Marble que pasó de ser una de las mejores en su disciplina a convertirse en espía.

La tenista que espió

Ni la mejor película de Hollywood podría tener un guión tan intenso y apasionante como la vida de Alice Marble. Su historía podría recoger perfectamente los géneros de acción, aventura, drama y suspense, sin olvidarnos del toque deportivo con una carrera llena de gloría como tenista, o belicista siendo protagonista directa en la Segunda Guerra Mundial. También tuvo una faceta como periodista o guionista de cómics de superheroínas, algo con lo que podría compararse perfectamente, ya que sufrió todo tipo de adversidades en su existencia y de todas supo levantarse, pero ella sin necesidad de superpoderes.

Del oro a la tragedia

Un buscador de oro, ese era el abuelo de Alice Marble. Quizás de él heredó ese espíritu aventurero que le acompañó toda su vida desde que naciera el 28 de septiembre de 1913 en Beckwourth, lugar donde sus padres tenía una granja cerca del cauce del Feather River. Su padre, Harry Marble, aprovechó su habilidad para escalar secuoyas para dedicarse a leñar este tipo de árboles de gran tamaño aunque cinco años después del nacimiento de Alice, la familia se mudó a San Francisco en busca de nuevas oportunidades. A los pocos meses de instalarse el patriarca sufrió un accidente de tráfico en el que perdió la vida lo que significó un duró revés para el clan de los Marble, pero no un impedimento para que los cinco hijos se pusieran a trabajar para ayudar a sacar adelante el sustento económico necesario. Alice, Dan, George, Hazel y Tim se pusieron a trabajar seis días a la semana en la construcción de casas de madera, la mayoría dejó la escuela pero Alice pudo seguir gracias a la ayuda de su tío. La niña cuajó un fuerte carácter, vestía y actuaba como un chico, y le gustaba practicar todo tipo de deportes. Jugaba al baloncesto, practicaba gimnasia y patinaba, esto último con su inseparable amigo Billy con el que cada día buscaba nuevos retos por las calles de San Francisco. Uno de esos retos era batirse en carreras y en una de ellas tenían que saltar sobre las vías de un tranvía. Alice pasó sin problema pero Billy no se percató del paso del tren y chocó con tal fuerza que lo descuartizó. Perdió a su mejor amigo y se refugió más si cabe en el deporte y soñando con ser profesora de gimnasia, hasta que un día descubrió el béisbol.

De la pelota de béisbol a la de Tenis

Alice acudía junto a su hermano Tim con un guante de béisbol y una pelota a ver los partidos de los San Francisco Seals. Siempre jaleaba a uno de sus jugadores favoritos, Francis ‘Lefty’ O’Doul, hasta que un día se acerco a la valla junto a la que se encontraba la niña y le dijo:

“¿Muchacho, te gustaría bajar y lanzarme una bolas?”

Sin importarle que le había confundido con un chico saltó la valla, aceleró hacia el campo y se puso en posición para lanzar la pelota a su ídolo. En la zona central del campo se escuchaban gritos de «ánimo», y para mayor sorpresa no era otro que el gran Joe di Maggio. El partido estaba a punto de comenzar y Alice echó a correr hacía su asiento pero ‘Lefty’ la cogió y la llevó al banquillo del equipo donde se paró junto a los jugadores y les dijo:

“Chicos, os presento a Alice, nuestra nueva mascota”

No se lo podía creer, pasó de ver los partidos en la grada a ser la mascota de su equipo de béisbol junto a las estrellas que siempre observaba desde su asiento. Pero si a alguien idolatraba Alice era a su hermano mayor Dan. Este practicaba tenis y un día se acercó a su hermana pequeña, le regaló una raqueta y le dijo:

«Te la he comprado para ti, para que dejes de comportarte como un chico y pruebes con el tenis”

Alice, no del todo contenta con la decisión de su hermano, respondió:

“¿Qué dirán los Seals?, no me gusta ese deporte tan amanerado”

A los pocos días estaba practicando en las pistas de Golden Gate Park con una chica de su colegio que jugaba al tenis, ambas eran las únicas que practicaban ese deporte en su escuela. En apenas una semana cambió la pelota de béisbol por la de tenis y se enamoró de un deporte que le acompañaría el resto de su vida.

De la retirada a la gloria

Al poco tiempo empezó a deslumbrar y ganar torneos junior de California con 14 años. Su categoría se le quedaba pequeña y a los 15 comenzó a competir directamente con adultos. A esa edad sufrió otro vuelco en su vida cuando fue secuestrada y forzada por un extraño, hecho que nadie supo hasta la publicación de su biografía. Padeció el dolor de este suceso en silencio y su vía de escape no fue otro que el tenis al que dedicó más tiempo y perfeccionó su juego caracterizado por la velocidad y precisión que le imprimía a la pelota en la volea, lo que le valió el apodo de «Pequeña reina del matamoscas«. Tenía un estilo atlético que le ponía en ventaja contra sus oponentes que acababan derrotados y desgastados físicamente. Su juego llamó la atención de Eleanor Tennant, apodada «Teach», una de las mejores entrenadoras del momento y profesora de algunos artistas de Hollywood como Carole Lombard y Clark Gable, ambos se cruzarían en la vida de Alice en el futuro. Tennant le cambió la empuñadura, le enseñó una manera más racional de afrontar los partidos y pulió su técnica.

En 1931 y con 20 años se adjudicó el torneo de Filadelfia y el campeonato de California lo que le valió para entrar en el primer Gran Slam que disputaría: el US Open. En su primera participación en un grande llegó a cuartos de final y se convirtió en una de la sensaciones del torneo. Durante 1932 y 1933 seguía su evolución como jugadora y se estableció como una de las mejores del país. Además de resultados también defendió los derechos de las mujeres allá donde iba, incluso desafiando los viejos ordenes establecidos jugando con faldas cortas o pantalones. Los buenos resultados en pista le valieron para ser escogida en la selección de Estados Unidos que disputaría la Wightman Cup, una competición entre estadounidenses y británicas. Fue la primera vez que pisó Europa pero no sería la última ya que en 1934 disputó el torneo de Roland Garros, en la que era la tercera favorita para alzarse con el título. Antes del partido que tenía que disputar con Cilly Aussem sufrió un desmayo que le hizo retirarse de la competición. Los médicos le diagnosticaron tuberculosis y le recomendaron que se retirara del tenis puesto que la enfermedad podría agravarse complicándole la vida. Los meses pasaban y la cosa no mejoraba. Eleanor Tennant decidió animar a su pupila y habló con su amiga Carole Lombard para que le enviara una carta de apoyo para subirle el ánimo. Lombard seguía la carrera de Alice y le tenía una gran admiración por lo que estaba haciendo dentro y fuera de las pistas por lo que la carta tuvo una gran carga emocional y finalizaba con una clara consigna:

“Tú también puedes hacerlo”

Seis meses llevaba en la cama cuando recibió la carta y sin duda fue un impulso de ánimo que le llevó a empezar a practicar ballet para recuperar la capacidad pulmonar. Dos meses después la mejora era evidente y la visita al médico fue una sorpresa tras someterse a nuevas pruebas, no padecía tuberculosis si no una pleuritis agravada por una anénima que fue lo que la debilitó. A pesar de este fallo por parte de los médicos le seguían recomendando que no compitiese a alto nivel pero a Alice le dio igual. Dos años después de estar casi desahuciada como tenista se preparó para la temporada 1936 y fijó su objetivo en el US Open disputado en Forest Hills. Lo ganó y se convirtió en el primer Grand Slam que levantaría pero no el único, un año después jugaría en el All England Club de Wimbledon donde cumplió uno de sus sueños. Derrotó a Mary Hardwick, Molly Lincoln, Madzy Couquerque y Hilde Sperling, plantándose en las semifinales donde cayó contra la polaca Jadwiga Jezdrzjowska. También participó en mixtos con Donald Budge, gran amigo con el que conquistó su primer título en la catedral del tenis. Volvió a participar en 1938 y volvió a caer en semifinales, esta vez contra Helen Jacobs, aunque ganó el título de dobles junto a Sarah Fabyan y el de mixtos de nuevo con Donald Budge. En 1939 llegaría a Wimbledon pero esta vez como número uno mundial y fue designada cabeza de serie en el torneo. Superó sucesivamente a Ruth Kirk, Dora Beathly, Arlette Halff y Jadwiga Jezdrzjowska, para plantarse de nuevo en semifinales, su fase maldita en este torneo. Su rival sería Hilde Sperling, ganadora tres veces de Roland Garros y finalista dos veces de Wimbledon. Esta vez sería distinto, Marble arrasó en la pista con un doble 6-0 en tan solo 19 minutos. Su primera final en el grande británico sería contra la local Kay Stammers que contaba con el apoyo de la afición. No fue un impedimento ya que la venció por 6-2 y 6-2 y levanto su primer y único Wimbledon. Mientras tanto siguió levantando el US Open durante 1938, 1939 y 1940, este último año el que se pasó al profesionalismo.

De la alegría a la depresión

Pasó de estar al borde de la retirada por el consejo de los médicos a convertirse en una de las tenistas del momento con 5 Grand Slam en individuales y 7 grandes en dobles durante cuatro temporadas de ensueño donde desplegó un gran tenis de la mano de Eleanor Tennant. Su repercusión iba más allá de las pistas puesto que su triunfo en Wimbledon la convirtió en toda una celebridad en Estados Unidos, que se vio acrecentada por la amistad que mantenía con Carole Lombard, Clark Gable y el circulo hollywoodiense donde se movía. El inicio de la Segunda Guerra Mundial fue parando las competiciones y en ese momento se pasó al profesionalismo donde disputó multitud de exhibiciones, muchas de ellas para recaudar fondos para la armada americana. Los contratos para disputar estos partidos le llovían, incluso en 1941 le llegó otro que no tenía nada que ver con el tenis. Max Gaines, editor de All-American Comics, vio un buen momento para levantar la moral de los soldados en el frente contando historias de superhéroes que vencen a villanos y se puso en contacto con varias deportistas para que escribieran guiones para Wonder Woman, la primera heroína de cómic creada por William Moulton Marston. Alice Marble aceptó, escribió el guión del cómic de Florence Nightingale (la primera enfermera que marcó las pautas de la enfermería moderna en la guerra de Crimea) y además se asoció con la compañía.

1942 fue posiblemente el año más fatídico de su vida. Se casó con el piloto de aviación Joe Crowley, con el que esperaba un bebé, pero pronto fue enviado de nuevo al frente y murió tras ser derribado por cazas alemanes . A los pocos días ella sufrió un grave accidente de coche en el que sufrió grandes heridas y perdió al niño que esperaba. Dos palos durísimos que le afectaron hasta tal punto que pensó en suicidarse, aunque el apoyo de su núcleo cercano y de Carole Lombard fueron fundamentales, está última de nuevo apareció en uno de sus momentos más difíciles. La vida de Alice Marble tocó fondo pero dio un vuelco de película en los años finales de la Segunda Guerra Mundial.

Del tenis al espionaje

En 1945 Alice recibió una llamada extraña procedente de la OSS, Oficina de Servicios Estratégicos, más conocido en la actualidad como CIA. Supieron que hace unos años cuando triunfaba en las pistas había filtreado con un hombre adinerado suizo conocido como Hans, pero que no había llegado a más porque Tennant le había prohibido en su momento mantener relaciones amorosas alegando que le podrían descentrar en su carrera como deportista. La OSS sospechaba que Hans, banquero de profesión, manejaba documentación sobre las finanzas de altos dirigentes Nazis que utilizaron Suiza para esconder todo lo que habían confiscado a las familias ricas judías de Europa. El papel de Marble sería el de viajar hasta Ginebra y con la excusa de realizar unas exhibiciones de tenis volver a retomar la relación que tenía con él. A esas alturas de su vida no tenía nada que perder y aceptó la misión. A los pocos días volvió a granjearse la confianza de Hans y empezó a vivir en su mansión. En una noche que el banquero volvió borracho le contó a Alice donde escondía la documentación importante y la llave que abría la caja fuerte. Una vez tenía localizado lo que necesitaba se introdujo en la bóveda donde los guardaba y fotografió los libros de contabilidad y el papeleo necesario para posteriormente escapar a los Alpes, pero fue descubierta y se inició una persecución de película en coche donde fue herida en la espalda por un disparo de un soldado Nazi. Fue rescatada por las tropas aliadas, logró salvar la vida y el material que logro fotografiar fue usado posteriormente en varios juicios contra los Nazis.

De la Guerra Mundial a la racial

Después de su aventura de espías por Europa escribió The Road To Wimbledon, un libro en el que exponía las claves del éxito de su carrera e inició carrera como periodista destacando también en esta disciplina. En 1950 aprovechó su nueva labor para escribir una carta a la federación estadounidense de tenis a través de la revista American Lawn Tennis Magazine quejándose del trato que recibían los tenistas negros en las pistas. La segregación racial era latente ya que se vetaba a los tenistas negros en torneos y clubes, además de no poder compartir vestuario con tenistas blancos, algo que estaba al orden del día en la sociedad de la época.

“Hemos de enfrentarnos a esta realidad de manera honesta. El tenis es para hombres y mujeres, olvidemos la hipocresía”

Su protesta tuvo éxito ya que logró que Althea Gibson disputase el US Open. Salió junto a ella del vestuario de mujeres blancas a la pista ante la atenta mirada de los aficionados asistentes. Gibson fue años más tarde la primera tenista negra en ganar en Wimbledon convirtiéndose en un referente del tenis americano, por su parte Alice entraría en el Hall of Famme de Tenis en 1964.

Del ajetreo a la tranquilidad del retiro

El último tramo de la vida de Alice Marble lo dedicó a dar clases de tenis en Palm Springs donde se estableció definitivamente hasta su fallecimiento el 13 de diciembre de 1990 a los 77 años de edad tras sufrir una anemia perniciosa. Posteriormente se publicó su autobiografía titulada Courting Danger, donde exponía una vida de película que le llevó de una granja de Beckwourth a la cima del tenis.

Fotografía | AP | National Portrait Gallery London | Len Puttnam

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