Personas

Terry Fox

El chico que perdió una pierna por el cáncer y decidió recorrer Canadá para pedir más reconocimiento y luchar contra la enfermedad.

Maratón de la esperanza

La historia de Terry Fox comienza 28 de julio de 1958 en Winnipeg cuando nace en el seno de una familia de guardagujas, encargados del cambio de vías, del Canadian National Railway. Los padres cansados de los fríos inviernos de las praderas de la zona deciden mudarse en 1966 al área metropolitana de Vancouver para posteriormente acabar en Port Coquitlam. El pequeño Terry mostraba un carácter competitivo hasta tal punto que se enfadaba cuando perdía a cualquier deporte de los que practicaba: fútbol, rugby, beisbol y el baloncesto, este último su auténtica pasión. Intento fundar un equipo escolar de basket pero el profesor de educación física vio sus carencias técnicas además de su baja estatura y le recomendó correr en fondo. No estaba interesado pero aceptó el reto que le proponía empezando a participar en carreras, pero no dejó el baloncesto de lado a pesar de que solía calentar el banquillo. Con entrenamiento y tenacidad consiguió jugar regularmente hasta asentarse en el quinteto titular del equipo y conseguir el premio de atleta del año de la escuela. Tras terminar con la formación escolar dudaba si debía matricularse en la universidad y fue el empeño de su madre lo que lo llevó a cursar quinesiología para en un futuro ser profesor de educación física. Continuó jugando al baloncesto en el equipo universitario y a pesar de competir con jugadores con más cualidades acabó destacando sobre ellos.

Dolor en la rodilla

12 de noviembre de 1976, Terry Fox conduce de vuelta a casa en Port Coquitlam mientras mira un puente en construcción que lo distrae provocando el choque con una camioneta. El automóvil sufrió grandes desperfectos pero por suerte él salió ileso unicamente con una pequeña herida en la rodilla derecha a la que no le dio importancia. Un mes después empezó a sentir un dolor constante pero que no le impidió acabar la temporada de baloncesto. En marzo de 1977 ese dolor se intensificó por lo que acudió al Royal Columbian Hospital donde le diagnosticaron un osteosarcoma (cáncer hueso). Tras el accidente la rodilla quedó debilitada pero los médicos explicaron que no tenía ninguna relación con el cáncer. Para de detener la enfermedad se decidió amputarle la pierna e iniciar tratamiento de quimioterapia augurándole un 50% de probabilidad de vida. A las tres semanas de la operación ya estaba jugando al Pitch and putt, una especie de golf, con su padre gracias a la ayuda de una pierna ortopédica. A los dos meses se integró en el equipo silla de ruedas de baloncesto a pesar del fuerte tratamiento que lo debilitaba. Fox ganaría tres campeonatos nacionales con el equipo de baloncesto y la Asociación de Baloncesto en Silla de Ruedas de América del Norte lo nombró all-star en 1980.

Espíritu de superación

La noche previa a la cirugía de la pierna, Terry Fox leyó un artículo que le había traído su entrenador de baloncesto sobre Dick Traum, primer amputado en completar el Maratón de Nueva York en 1976. Esto le sirvió de inspiración para empezar un plan de entrenamiento para prepararse la maratón de Prince George disputada en agosto de 1979. Consiguió terminarla en último lugar pero se ganó los aplausos y lágrimas de los demás participantes y los allí presentes. Tras duros entrenamientos, varias prótesis descartadas, hematomas, ampollas y un dolor intenso el reto valió la pena pero quería más. El atleta Mark Kent le proporcionó una idea. Kent cruzó el país con el propósito de conseguir financiación para el equipo canadiense que iba a participar en los Juegos Olímpicos de Verano de ese año en Montreal. El plan de Terry Fox consistía en recorrer Canadá de una punta a otra recaudando un dólar por cada habitante canadiense (24 millones) y aportarlo para la lucha contra el cáncer. Su madre rechazó el proyecto al principio pero no le quedó más remedio que apoyarle. El 15 de octubre de 1979, Fox envió una carta a la Sociedad Canadiense contra el Cáncer 1979 que rubricó de la siguiente manera:

«Necesitamos vuestra ayuda. Las personas que se encuentran en las clínicas para el cáncer en todo el mundo necesitan gente que crea en los milagros. No soy un soñador, y no digo que con esto promoveré algún tipo de respuesta o cura definitivas para el cáncer. Pero creo en los milagros. Tengo que hacerlo«

La Sociedad contra el Cáncer se mostró escéptica en un primer momento pero finalmente aceptó apoyarlo si cumplía con el certificado médico de un cardiólogo para asegurar que estaba bien para competir. Le diagnosticaron hipertrofia ventricular izquierda, una dolencia asociada comúnmente con los atletas con lo que tuvo la autorización. Mientras tanto Terry envió cartas a varias empresas pidiendo donaciones para un vehículo y calzado deportivo, así como para cubrir otros gastos. La empresa de automoción Ford donó una autocaravana, Imperial Oil aportó el combustible y Adidas le proporcionó el calzado. Fox recibió más ofertas de otras empresas pero se negó a avalar sus productos y rehusó recibir donaciones con condicionantes ya que insistía en que nadie debía obtener ganancias por su carrera.

El maratón de la esperanza

El reto se denominó como el maratón de la esperanza. Comenzó el 12 de abril de 1980 cuando Fox mojó su pierna protésica en el océano Atlántico, cerca de San Juan, en Terranova. También llenó dos botellas grandes con agua del mar con la intención de guardar una como recuerdo y verter el contenido de la otra en el océano Pacífico al completar su recorrido en Victoria. Para llevar a cabo dicha gesta contó con su amigo Doug que lo acompañaba en autocaravana y era el encargado del plan de comidas. Terry comenzaba su carrera todos los días antes del amanecer ataviado con un pantalón corto, una camiseta, las zapatillas deportivas y su prótesis. Los inicios fueron duros ya que el seguimiento de la gente era nulo y los temporales de viento, lluvia, tormenta y nieve complicaban el desempeño del joven. Todo cambió a la llegada a Port Aux Basques donde los habitantes donaron 10.000 dólares. Poco a poco creció la expectación alrededor del muchacho que fue ganando adeptos a su causa a tal nivel que empresarios, atletas o políticos se implicaron para recaudar fondos. Fox seguía corriendo diariamente sin descanso a penas hasta que en Thunder Bay comenzó a notar una tos y dolor en el pecho. Al día siguiente citó a los medios para dar una rueda de prensa donde confirmó que el cáncer había vuelto a aparecer y se le estaba comenzando a extender. Darryl Sittler y su equipo, los Maple Leafs, se ofrecieron a terminar la carrera por él, pero Fox se negó, alegando que deseaba terminar él mismo el recorrido. Su periplo acabó tras recorrer 5.373 kilómetros en suelo canadiense.

El legado contra el cáncer

Terry Fox inició un nuevo tratamiento de quimioterapia que poco a poco lo fue deteriorando. Mientras estaba en el hospital se organizaron telemaratones para apoyar a la sociedad del cáncer e incluso el propio papa Juan Pablo II le envió un telegrama de ánimo. El 28 de junio de 1981, nueve meses después de poner fin a su gesta, falleció en el Royal Columbian Hospital. A su funeral acudieron 40 familiares, 200 invitados y fue televisado en todo el país. Cuando abandonó el maratón había recaudado un total de 1,7 millones de dólares pero su legado es más que una cantidad de dinero ya que involucró a la gente y puso su atención en la lucha contra el cáncer. Terry se convirtió en la persona más joven en ingresar con rango más elevado en la Orden de Canadá, recibió el premio Lou Mars al atleta canadiense más destacado en 1980, ha inspirado libros y películas, renombró edificios, parques y carreteras, y se creó la Carrera Terry Fox que hoy día se sigue celebrando siendo la mayor carrera de un día destinada a la recaudación de fondos para la investigación contra el cáncer en todo el mundo con un ingreso de 800 millones de dólares desde 1981. La historia de Terry Fox es la del chico que simplemente quería vivir y reivindicar su lucha contra el cáncer a base del deporte.

Fotografía | Terry Fox Foundation

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