Cultura

Magic Senna y el Tetracampeão

Los derechos y las libertades de la Brasil del ordem e progresso fueron de la mano de las victorias de Senna y la selección de fútbol, dos figuras del deporte relevantes en el contexto social y cultural del país.

Libertades, derechos y victorias

Tras la dictadura militar finalizada en 1985, Brasil circulaba a marchas cortas hacia un horizonte de transformaciones sociales y desafíos económicos. En octubre de 1988, el país aceleró este proceso aprobando una nueva constitución, que fue celebrada como una de las más avanzadas de la época, adelantando, esta vez por la izquierda, a muchos países de su entorno en cuanto a derechos y libertades civiles. El pueblo brasileño empezaba a ver por el retrovisor los episodios de tortura y represión que durante dos décadas se habían instalado como paisaje habitual, y a otear a lo lejos el camino que les llevaría a conquistar derechos fundamentales como la libertad de prensa o de acción sindical. Aquel Brasil de 1988 sonaba a ordem y a progresso, pero 21 años de oscuridad pedían, además, alegrías mucho más mundanas que funcionaran a modo de taller de reparación de toda aquella polarización social fruto de tanto tiempo en dictadura. Dos años antes, en el Mundial de México, la nación con más talento futbolístico del mundo se estampaba contra Francia en una tanda de penaltis que se recordará siempre por el error del inolvidable Sócrates, un referente para el pueblo brasileño mucho más allá del fútbol. La canarinha, a pesar de su buen juego, se quedaba en la cuneta de los cuartos de final, frenando en seco las esperanzas de su Torcida. Definitivamente, el pueblo pedía a gritos que aquella transición democrática viniera acompañada de samba y celebración. Brasil necesitaba repostar sus sueños deportivos y el encargado de hacerlo, por primera vez en la historia de un país atravesado por un balón, no calzaba botas de tacos. El año de la nueva constitución brasileña también fue el de la victoria inesperada de Ayrton Senna da Silva, un piloto que encarnó, con su estilo de conducción agresiva, todos aquellos anhelos de libertad y alegría de un pueblo que quería cambiar de marcha. Aquellos dieciséis domingos del 88, en los que en trece de ellos el paulista consiguió hacer pole, actuaron como paréntesis emocional semanal para una sociedad decidida a dejar atrás los fantasmas de la dictadura militar, pero que necesitaba desconectar del ruido político constante de aquel momento de transición democrática. Brasil entraba cada fin de semana en su particular boxes para acompañar a aquel compatriota que comenzaba a hacer historia. En cada podio, en cada carrera, en cada lucha contra su compañero Alain Prost y en cada puño en alto de Senna, los brasileños dejaban a un lado sus reformas y debates ideológicos para sufrir, juntos, curva a curva. La reñida victoria final llegó en el Gran Premio de Japón, en Suzuka. Senna partió desde la pole, pero una mala salida lo hizo caer al puesto decimocuarto. Con una conducción tan impresionante como temeraria, remontó posiciones hasta superar a Prost y ganar la carrera, asegurando así su primer título mundial y convirtiéndose para siempre en un mito que se instalaría en el corazón de los brasileños. Beco, como su círculo más cercano lo llamaba, repetiría azaña dos campeonatos más, en el 90 y en el 91, y perdería la vida años más tarde en el circuito de San Marino, cuando con solo 34 años su coche se estrelló violentamente con un muro a la salida de la curva de Tamburello. Era el 1 de mayo de 1994 y el accidente consternó al país.

Como si de una suerte de relevo se tratara, 77 días más tarde, la selección brasileña de fútbol consiguió levantar la ansiada copa del mundo de fútbol en EEUU, convirtiéndose en el país con más mundiales ganados. Aquella alegría inmensa regaló al pueblo brasileño uno de los momentos más icónicos y emotivos que permanecerán en el imaginario colectivo canarinho y en los amantes del deporte en general: la plantilla al completo situada en el círculo central del césped de Pasadena, solo unos minutos después de la victoria más importante de su carrera, desplegó entre lágrimas una pancarta en la que se podía leer: «Senna, aceleramos juntos, o Tetra é nosso».

Aquella victoria de la Brasil más defensiva y aburrida de la historia tiene muchas explicaciones futbolísticas, desde la seriedad táctica del profesor Parreira hasta el talento inmenso de la dupla Romario-Bebeto. Pero esto es Revista Supporter y nos gusta imaginarnos una razón mucho más trascendente y que se condensa perfectamente en las declaraciones del brasileño Ricardo Rocha, en una reciente entrevista en un medio local: «ah, o Brasil teve 22 jogadores, eu acho que o Ayrton foi o 23».

Fotografía | atatashechke

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2 comentarios

  1. El mejor piloto de la historia. En cuanto a esa selección… dejaba mucho que desear. Baggio merecía ese mundial con Italia.

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