Buttermilk para refrescarse
La imagen del ganador de las 500 millas de Indianápolis bebiendo leche para celebrar la victoria es una de las más icónicas del deporte. Un momento de celebración que han disfrutado 76 pilotos en los más de 100 años desde que se lleva disputando la carrera. Desde los míticos A.J. Foyt, Al Unser, Rick Mears, Hélio Castroneves, Dario Franchitti, pasando por Alex Palau, primer y único español en conseguirlo, Ray Harroun, primer ganador de la prueba, o Louis Meyer, protagonista de este artículo.
El consejo de una madre
El 30 de mayo de 1936 nació una de las tradiciones más icónicas del automovilismo mundial. Ese día, el coche número 8, conocido como “Ring Free Special”, un chasis Stevens equipado con un motor Miller y pilotado por el estadounidense Louis Meyer, cruzó en primera posición la línea de meta tras completar las legendarias 500 millas disputadas en el histórico Indianapolis Motor Speedway.
Después de una carrera extremadamente exigente y bajo el intenso calor de aquel día, Meyer pidió algo poco habitual para celebrar su victoria: un vaso de suero de leche, conocido en Estados Unidos como buttermilk. Según contaría más tarde, su madre le había recomendado beberlo en los días calurosos porque ayudaba a refrescarse y recuperar fuerzas. Mientras el piloto bebía tranquilamente, un fotógrafo captó la escena sin imaginar que aquella imagen terminaría convirtiéndose en un símbolo histórico del deporte del motor.
La fotografía tuvo una enorme repercusión en la prensa de la época y rápidamente llamó la atención de la industria láctea estadounidense. Las asociaciones de productores de leche comprendieron el enorme valor publicitario de aquella instantánea y comenzaron a ofrecer leche a los vencedores de las 500 Millas de Indianápolis de manera cada vez más habitual. Con el paso de los años, la costumbre fue consolidándose hasta convertirse en parte inseparable de la celebración.
Tradición láctea
Finalmente, en 1956, el circuito de Indianápolis oficializó la tradición: desde entonces, el ganador de la carrera recibe una botella de leche en el famoso “Victory Lane”, el lugar reservado para las celebraciones de los campeones. Lo que comenzó como un simple gesto espontáneo terminó transformándose en uno de los rituales más reconocibles y queridos del automovilismo internacional.
La tradición ha alcanzado tal nivel de importancia que, antes de cada edición de la carrera, los pilotos deben indicar qué tipo de leche desean beber en caso de victoria. Las opciones suelen ser leche entera, semidesnatada o desnatada, y la elección queda registrada oficialmente antes de que se dé la salida.
A lo largo de las décadas ha habido muy pocas excepciones a esta costumbre. La más recordada ocurrió en 1993, cuando el piloto brasileño Emerson Fittipaldi ganó la prueba y decidió beber zumo de naranja para promocionar las plantaciones cítricas de su familia en Brasil. El gesto provocó una gran polémica entre los aficionados estadounidenses, que consideraron que estaba rompiendo una tradición sagrada de Indianápolis. Los abucheos fueron tan intensos que, poco después, Fittipaldi acabó tomando también un sorbo de leche para calmar al público y rendir homenaje a la costumbre histórica.
Hoy, casi un siglo después de aquel gesto improvisado de Louis Meyer, beber leche en el “Victory Lane” sigue siendo mucho más que una simple celebración: es un homenaje a la historia, a la tradición y al espíritu eterno de las 500 Millas de Indianápolis.

