Historia del Mundial femenino de fútbol (I)

Creación y primeras ediciones

Todo ha cambiado. También el fútbol. Las naciones siempre vuelven a competir once contra once, dos porterías y un balón.  Un lenguaje universal capaz de superar las fronteras. Y en ese lenguaje, de una vez por todas, entra el género femenino. Francia 2019 será el octavo Mundial de fútbol femenino. El primero se jugó allá por el año 1991.

Antecedentes

Los torneos femeninos de fútbol internacionales se han venido disputando desde la década de los 70 aunque estos no tenían un carácter oficial. Ya en los 80 el progreso de las mujeres en este deporte se hizo evidente y se planteó la posibilidad de crear un Mundial como en la disciplina masculina. En 1988 se celebró un torneo de prueba en China, país donde el fútbol femenino tenía gran relevancia, con un formato similar al que disputaban los hombres. Noruega se alzó con la victoria tras ganar a Suecia en la final. Tras el éxito que tuvo el campeonato, por fin la FIFA se decidió a crear la Copa Mundial de fútbol femenino.

China 1991: ‘The pioneer’

En casi todo el mundo, lo del fútbol practicado por mujeres aún sonaba a chino. Caprichos del destino, la primera Copa del Mundo se disputó en China. Se premió la gran organización del país en la primera edición de prueba. Participaron doce selecciones: Alemania, Brasil, China, Dinamarca, Estados Unidos, Italia, Japón, Nigeria, Noruega, Nueva Zelanda, Suecia y China Taipéi. El torneo constó de una fase previa con tres grupos donde pasaban a cuartos de final los dos primeros y los mejores terceros. Esta fue la única edición en el que los partidos duraban 80 minutos divididos en dos partes de 40 minutos. El partido inaugural fue el 16 de noviembre de 1991 a las 20:45 en el estadio Tianhe donde venció la anfitriona China por 4-0 a Noruega.

La final la jugarían Estados Unidos y Noruega. Antes del partido, en el protocolario pasamanos, Pelé deseó suerte a ambos combinados. El rey del fútbol masculino daba el pistoletazo de salida a un fenómeno que iba a hacerse realmente grande. Ganaron las estadounidenses por 2-1 con los goles decisivos de la pionera Michelle Akers, el gran icono de aquel equipo. Otras grandes futbolistas que pasaron a la historia de aquel Mundial fueron Carin Jennings, que recibió el balón de oro a mejor jugadora en el torneo, la joven y talentosa Mia Hamm y la magnífica y elegante Kristine Lilly.

Las futbolistas estadounidenses fueron recibidas en su país como heroínas, como se merecían, ya que eran las pioneras del fútbol femenino mundial.

Suecia 1995: El golpe vikingo

En el año 1995 el Mundial aterrizaba en Suecia. Mismo sistema competitivo, a excepción de partidos a 90 minutos, y tres selecciones debutantes: Australia, Canadá e Inglaterra. Los conjuntos escandinavos mostraron su poderío vikingo. Esta vez serían ellas las que lucharon por el orgullo local: Suecia, Dinamarca y Noruega estaban en los cuartos de final.

La anfitriona cayó en esa fase contra la selección china tras perder en los penaltis. Dinamarca y Noruega se enfrentarían entre ellas por un lugar en las semifinales. Las noruegas se comieron a las danesas como si fueran galletas. La que tenía más hambre de victoria era sin duda la líder de aquella escuadra, Hege Riise, que había marcado el tercer gol de aquel partido.

En la semifinal, esperaba Estados Unidos, la vigente campeona y verdugo de las noruegas en aquella primera cita mundialista. Las americanas llegaban de golear por 4-0 a Japón. Noruega consumó su venganza con el tempranero y único gol de Ann Kristin Aarones en el minuto 10. Suecia 1995 tendría representación escandinava en la final con el conjunto noruego.

En la final esperaba Alemania, una de las grandes potencias futbolísticas. Los hombres tenían 3 mundiales entonces y ellas ya se acercaban a su primero. El 1-0 contra China les dio el billete para la final de Solna. Allí, Noruega se supo imponer a las germanas por 2-0. La noruega Riise fue la gran jugadora de aquel torneo dejando uno de los goles más impresionantes en la historia de las finales mundialistas.

EE.UU. 1999: ‘The iconic players’

Cinco años después de que Estados Unidos acogiera el Mundial masculino y tres después de los JJOO de Atlanta, la primera potencia mundial acogía su primera Copa del Mundo femenina. Una gran sede y el primer campeón de la historia parecían el binomio perfecto para una gran cita.

Aumentaron el número de equipos de doce a dieciséis. Debutaron Corea del Norte, Ghana, México y Rusia. Fue una de las citas deportivas femeninas más seguida, los grandes estadios yanquis y el showtime ayudaron.

A la final llegarían las anfitrionas y China, que seguía creciendo en los primeros mundiales. 90.185 espectadores verían en vivo y en directo la final en el Rose Bowl de Pasadena, Los Ángeles. En la ceremonia de apertura de la final, Bill Clinton dio un discurso en el que dijo:

“El fútbol femenino tendrá un impacto mayor de lo que la gente piensa, no sólo en Estado Unidos sino en todo el globo terráqueo”

Ese campeonato acabó con la china Sun Wen como mejor futbolista y máxima goleadora a la par que la brasileña Sissi con sus geniales tantos de libre directo. Sin embargo, la historia decidió no hacer caso de aquellos galardones y escribir con letras de oro a Mia Hamm, con aquellos derechazos imparables.

A pesar de las estrellas, hubo una instantánea para el recuerdo. La protagonista fue Brandi Chastain y el motivo la tanda de penaltis. El punto de castigo fue el que decidió aquel mundial de fútbol femenino. La parada de Brianna Scurry a tiro de Liu Ying dejó en bandeja el penalti decisivo a Chastain, que con su fuerte disparo llevó el segundo título mundial para las vitrinas estadounidenses. En el mismo escenario en el que Baggio se fue al suelo de rodillas para lamentarse, Brandi hizo lo propio para desatar euforia y alegría. Su celebración, cabecera de este reportaje, fue simplemente icónica.

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