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Desayunos con sabor a Liga de Campeones

Tostada, kiwi y semifinal

Un jueves te levantas y te sientas frente al kiwi, la tostada y el café. Sabes que es abril porque el día es más largo, pero el desayuno es el mismo que el de un lunes de octubre o el de un sábado de agosto. A priori. 

A priori, ambas son semifinales de Champions. Ambas son noventa minutos. Ambas presentan el concepto del simplista detractor del fútbol que lo reduce todo al ‘22 millonarios corriendo detrás de un balón’. Ambos días has desayunado tostada y kiwi con café, pero no es igual. 

Ese jueves de abril o ese sábado de agosto te sientes vital. La tostada se acuesta sobre la mantequilla en la sartén mientras abres el jamón curado con antelación para que respire. Esa mezcla de blanco y tono tinto, como la franja central del PSG, prevé que se vienen cositas. Se viene Vitinha desatado. La loncha suda y brilla, como el nuevo Dembélé, que además de picar, ahora también cruje como el mejor pan al presionar sin descanso a cualquier defensa. 

Chorro de aceite del bueno, del que lo liga absolutamente todo, como Kane de verso libre. Por si no lo habías hecho durante la preparación, te toca empezar a disfrutar. Das un mordisco a la tostada y ya no puedes parar. Eres Kvaratskhelia devorando una y otra vez al lateral, o al central o al que se le ponga por delante. El sabor es Luis Díaz, pura intensidad, y aunque el jamón vaya desapareciendo sobre el pan, sigue luciendo tan fino y elegante como al principio, como cada uno de los eslálones de Olise. 

¿Y el kiwi? Como siempre. Lo necesariamente dulce, pero sin pasarse, como la versión centrada de Upamecano, y tan fiable como de costumbre para ayudarte a llegar siempre en hora a las primeras citas ineludibles del día. Eso es el kiwi, con K de Kimmich. La fruta matinal de confianza, que si tuviese D.O sería germana y que lleva más años contigo que Marquinhos sosteniendo la Torre Eiffel o Neuer de segurata en los arcos del Allianz. 

En cambio, hay días que, porque el tiempo apremia o porque vuelves a una realidad y cotidianidad, el desayuno no es igual. Bueno, sí, es tostada y kiwi, pero no es lo mismo. Sigue siendo la comida más importante del día, como la Champions entre los trofeos de clubes, pero no te sabe a lo de siempre. Te aporta, sí, pero de otra manera. 

Vas justo al trabajo, y aun así, es una recurrente situación de presión totalmente habitual. Te sientes cómodo midiendo y calculando cada minuto, como la pareja Gabriel – Saliba. No experimentas, no arriesgas, como Zubimendi, Cardoso o Declan Rice, y la tostada se hace rápidamente en el tostador para después taparse con una loncha de pavo rutinario. Proteína sin fallo y a funcionar, que podría decir el incombustible Marcos Llorente. 

¿Que no es tan apetecible? Discrepo. Siempre puedes darle un plus de jugosidad con un buen tomate rallado y ajo. Como el Atleti a sus ataques con Julián o las galopantes apariciones de Lookman, vamos. O, de nuevo, con el chorro de aceite, aunque no sea el más gourmet. O sea, con un revoltoso Martinelli de titular o con Saka y Eze entrando en la segunda mitad. Algo siempre van a sumar. 

Si este fuese un lunes de octubre, por lo menos, el kiwi estaría más blandito y comestible. De hecho, no hace falta pelarlo y basta con hundir la cuchara con precisión y habilidad para ir degustándolo. Eso fue Griezmann, todo facilidades. Te limpias con la servilleta y aunque el reloj sigue esprintando, estás seguro de que vas a llegar en hora, como Gyokeres en su penal o Giuliano corriendo hasta el final de la línea de cal. Ahora, dúchate, vístete y vete, pero la semana que viene te tocará volver a desayunar, aunque no sepas qué, cómo ni cuál.

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