El trofeo que dio origen a la leyenda del Mundial
Antes de que el actual trofeo de la Copa Mundial de la FIFA se convirtiera en uno de los símbolos deportivos más reconocibles del planeta, existió una copa que marcó el inicio de una tradición centenaria: la Copa Jules Rimet. Durante cuarenta años, entre 1930 y 1970, fue el máximo galardón al que podía aspirar una selección nacional de fútbol y acompañó algunos de los episodios más apasionantes, dramáticos y curiosos de la historia del deporte. Su recorrido estuvo lleno de aventuras: fue escondida durante una guerra mundial, robada en dos ocasiones, encontrada por un perro que se convirtió en héroe nacional y finalmente desapareció para siempre en circunstancias que todavía hoy generan debate.
El nacimiento de una idea revolucionaria
La historia de la copa está íntimamente ligada a la figura de Jules Rimet, un dirigente francés que soñaba con organizar un torneo internacional de fútbol independiente de los Juegos Olímpicos. En la década de 1920, el fútbol ya era uno de los deportes más populares del mundo, pero las competiciones internacionales eran limitadas y estaban sujetas a las normas del movimiento olímpico. Rimet defendía que el fútbol profesional merecía su propio campeonato mundial, una idea que muchos consideraban demasiado ambiciosa para la época. Tras años de negociaciones, la FIFA aprobó la creación del torneo y eligió a Uruguay como sede de la primera edición en 1930, coincidiendo con el centenario de su independencia y con el prestigio deportivo que el país había ganado tras conquistar dos oros olímpicos. Como homenaje a quien había hecho posible el proyecto, el trofeo acabaría llevando su nombre.
Durante muchos años, Jules Rimet tuvo el privilegio de entregar personalmente el trofeo a los campeones del mundo. Para él no era un simple acto protocolario, sino la culminación de un proyecto en el que había invertido buena parte de su vida. Quienes presenciaron aquellas ceremonias relataron que Rimet observaba la copa con especial emoción antes de entregarla al capitán vencedor. Había defendido la creación del Mundial cuando muchos dirigentes dudaban de su viabilidad, y ver cómo miles de aficionados llenaban los estadios y cómo las selecciones viajaban desde todos los continentes suponía una confirmación de que su visión había triunfado. Con el paso de las décadas fue testigo de la rápida expansión del torneo. Lo que comenzó en 1930 con apenas trece selecciones participantes terminó convirtiéndose en una competición seguida por millones de personas en todo el planeta. En cierto modo, cada entrega de la copa simbolizaba también el crecimiento del fútbol como fenómeno global.
El diseño de una obra de arte
La copa fue diseñada por el escultor francés Abel Lafleur. Su creación representaba a Niké, la diosa griega de la victoria, sosteniendo una copa sobre su cabeza con los brazos elevados. Tenía una altura aproximada de 35 centímetros y pesaba cerca de 3,8 kilogramos. Estaba fabricada principalmente en plata esterlina recubierta de oro y montada sobre una base de lapislázuli, una piedra semipreciosa de intenso color azul. Curiosamente, cuando fue presentada al público no se llamaba Copa Jules Rimet, sino Victory Cup. No fue hasta 1946, tras la Segunda Guerra Mundial, cuando la FIFA decidió rebautizarla oficialmente para honrar el trabajo de Rimet en favor del fútbol internacional.
Aunque la figura de Niké diseñada por Abel Lafleur permaneció prácticamente inalterada, la base de lapislázuli sobre la que descansaba el trofeo fue modificándose con el tiempo. Después de cada Mundial se añadían placas grabadas con el nombre del país campeón y el año correspondiente. Aquellas pequeñas inscripciones convirtieron la copa en una especie de libro de historia del fútbol, donde podían leerse los triunfos de Uruguay, Italia, Alemania, Brasil, Inglaterra y otras grandes selecciones. Sin embargo, el espacio disponible era limitado. A medida que avanzaban las ediciones, fue necesario reorganizar las placas e introducir ligeras adaptaciones en la base para poder seguir registrando nuevos campeones. Esa evolución física reflejaba el crecimiento continuo de la competición y la acumulación de gestas deportivas.
El viaje a Uruguay y el primer campeón
La primera edición del Mundial planteó enormes desafíos logísticos. En una época en la que los vuelos transatlánticos comerciales apenas existían, la mayoría de las selecciones europeas viajaron en barco durante varias semanas para llegar a Montevideo. La copa cruzó el océano a bordo del transatlántico Conte Verde, acompañando a dirigentes, árbitros y jugadores. El trayecto fue tan largo que muchos futbolistas aprovecharon para entrenar en la cubierta del barco improvisando ejercicios físicos. Uruguay derrotó a Argentina por 4-2 en la final y se convirtió en la primera selección en levantar el trofeo ante una multitud en el estadio Centenario.
Una copa escondida en una caja de zapatos
Uno de los episodios más sorprendentes ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial. Italia la había ganado los Mundiales de 1934 y 1938, por lo que la copa permanecía bajo custodia italiana. Ante el temor de que las tropas alemanas pudieran requisarla durante la ocupación del país, el dirigente deportivo Ottorino Barassi tomó una decisión extraordinaria. Retiró discretamente el trofeo de la caja fuerte donde estaba guardado y lo escondió dentro de una simple caja de zapatos que colocó bajo su cama. Según su propio relato, consideró que ese era el último lugar donde alguien buscaría un objeto de semejante valor. Gracias a este acto de ingenio y valentía, la Copa sobrevivió intacta al conflicto y pudo volver a exhibirse cuando terminó la guerra.
El misterio de 1966: el perro que salvó el Mundial
Pocas historias deportivas son tan conocidas como el robo ocurrido en Inglaterra en 1966. La Copa Jules Rimet estaba expuesta en una muestra filatélica en Londres cuando desapareció misteriosamente, a pesar de las medidas de seguridad. Scotland Yard desplegó una investigación masiva, interrogó a numerosos sospechosos y recibió incluso peticiones de rescate. Cuando parecía imposible recuperarla, un ciudadano llamado David Corbett sacó a pasear a su perro, un mestizo llamado Pickles. El animal comenzó a olfatear unos arbustos y descubrió un paquete envuelto en papel de periódico. Dentro estaba la copa. La noticia dio la vuelta al mundo. Pickles fue fotografiado junto al trofeo, recibió premios, apareció en programas de televisión e incluso protagonizó una película. Muchos ingleses consideraron que el perro había contribuido a traer buena suerte a la selección anfitriona. Meses después, la England national football team conquistó el único Mundial de su historia tras vencer a la Germany national football team en la final de Wembley.
Brasil y el derecho a conservar la copa
La FIFA había establecido desde el principio una regla muy especial: cualquier selección que lograra ganar tres Copas del Mundo obtendría la propiedad permanente del trofeo. Tras los títulos de 1958 y 1962, la Brazil national football team llegó al Mundial de México 1970 con la posibilidad de conseguir ese privilegio histórico. El equipo, liderado por Pelé, mostró un fútbol espectacular y derrotó a Italia por 4-1 en la final. Aquella selección, considerada por muchos como una de las mejores de todos los tiempos, convirtió a Brasil en el primer país autorizado a quedarse definitivamente con la Copa Jules Rimet. Existe una anécdota muy repetida: tras el triunfo, miles de aficionados intentaron tocar el trofeo durante las celebraciones, obligando a los responsables de seguridad a extremar las precauciones para evitar daños.
El robo definitivo
Aunque Brasil había prometido custodiar cuidadosamente la copa, el destino volvió a jugar una mala pasada. En diciembre de 1983, unos ladrones irrumpieron en la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol en Río de Janeiro y sustrajeron el trofeo de una vitrina protegida únicamente por cristal y una estructura de madera. La investigación policial permitió detener a varios implicados, pero la copa jamás fue recuperada. La teoría más aceptada sostiene que fue fundida para vender el oro, aunque algunos investigadores creen que pudo haber sido ocultada en una colección privada. El misterio continúa abierto y constituye uno de los grandes enigmas de la historia del deporte. Tras la desaparición las réplicas autorizadas adquirieron todavía mayor importancia, ya que se convirtieron en una de las pocas formas de apreciar cómo era realmente la copa que inauguró la historia de los Mundiales.
A partir del Mundial de 1974, la FIFA sustituyó el antiguo trofeo por el diseñado por Silvio Gazzaniga, que es el que se entrega en la actualidad. A diferencia de la Jules Rimet, este nuevo trofeo nunca pasa a ser propiedad permanente de una selección, por muchos campeonatos que gane. Sin embargo, la influencia de la Copa Jules Rimet permanece intacta. Fue el símbolo de los primeros cuarenta años de los Mundiales, acompañó el ascenso del fútbol como deporte global y protagonizó historias que mezclan guerra, espionaje, robos, héroes inesperados y leyendas.

