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De los callos a las salchichas

Cuando el Real Madrid también falla

Los aficionados al fútbol buscamos algo parecido en nuestros clubes. Parecido, pero no idéntico. Los aficionados del Real Madrid, por ejemplo, todos los que conozco, buscan un tipo de certidumbre. Para ellos, el Madrid representa la estabilidad: el lugar seguro donde, independientemente del resultado que hayan obtenido en la vida, siempre ganan. Es lo que, supongo, busca en el fondo todo aquel aficionado que se hace de un equipo ganador, pero elevado al cuadrado. Ganar para el Real Madrid es casi una tautología, una verdad que se justifica a sí misma, muchas veces incluso sin demasiados argumentos.

Para el resto, a los que ser de los que ganan nos parece muy fácil, pero ser de nuestro equipo nos parece mejor, también esto era un tipo de certeza: una certeza ajena y extraña, pero una certeza, al menos en la Champions. El peor Madrid solía ser el mejor equipo de Europa. De hecho, cuanto peor jugaba el equipo blanco, más probable nos parecía que fuese a salir campeón de la Champions.

Y aunque uno no sea ni remotamente sospechoso de simpatizar con el Madrid, cuando ve una derrota como la que tuvo con el Bayern Munich siempre experimenta un desengaño. Vale que estudiar una carrera no le da a uno un futuro estable, vale que con 33 seguirá tocando vivir de alquiler, vale que el trabajo soñado es solo otro agujero en el que tirar la mayor parte del día. Son certezas que se han transformado en mitología. Pero ¿el Madrid? ¿El Madrid también?

La capacidad de certidumbre del madridismo es especialmente poderosa en los bares. Con varios amigos llegué a la conclusión de que aquellos restaurantes en los que hay un póster de la plantilla del Madrid (cuanto más viejo, mejor) son lugares donde se come bien. Lo de ayer fue como haber entrado en uno de esos bares pensando que servirían callos y que solo haya de menú salchichas.

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