Brooklands

El primer circuito de velocidad

Cortos, largos, enrevesados, ovalados, emblemáticos, futuristas… pero solo uno fue el primero. Se trata de Brooklands, el primer autódromo construido específicamente para carreras de motor en la historia del deporte. La genuina pista estaba situado en una campiña a 20 kilómetros al suroeste de Londres, en la localidad de Weybridge en el condado de Surrey. Esta es la historia del padre de los circuitos.

La idea

Antes de la llegada de Brooklands, las pruebas de velocidad en el mundo del motor se disputaban por carreteras convencionales entre ciudades, como la París-Ruán, la Targa Florio o el Gran Premio de Francia. La creación de este circuito viene ligada a Hugh Locke Fortescue King, un empresario británico y entusiasta de las carreras. Su profesión le permitió viajar por Europa donde conoció los eventos automovilísticos del momento. Grandes premios que carecían de vehículos de fabricación inglesa, en gran medida, por la ausencia de grandes carreras y la limitación de velocidad (32 km/h) en Gran Bretaña.

En el verano de 1906 Locke King organizó una cena con algunos amigos influyentes en el mundo del motor, entre los que se encontraba E. Dodakowski, el que sería el comisario de carreras del circuito tras su finalización. King tenía una propuesta: la construcción del primer circuito cerrado donde podrían probar los fabricantes del país sus máquinas y así poder competir con las grandes marcas europeas.

Planteamiento

El diseño de la pista corrió a cargo del Coronel Sir Henry Capel Lofft Holden de la Artillería Real británica. La idea de Locke (que invirtió 150.000 libras de la época) era la de un circuito simple pero fue persuadido por Charles Jarrott, piloto y distribuidor de coches, para construir un gran trazado para que los vehículos alcanzasen las velocidades más altas posibles sin que la seguridad de los pilotos se viese afectada. Selwyn Edge, hombre de negocios y piloto, asesoró en la obra y sostuvo que los coches debían ser visibles a los espectadores tanto como fuera posible dentro del circuito. La conclusión fue una pista de 100 pies de ancho (30,48 metros) y casi 30 de alto (9,144 metros). El propio Edge alquiló el circuito una vez construido para conducir 24 horas sin parar. La hazaña la realizó con un Napier de seis cilindros y 60 caballos a una velocidad media de 96 km/h.

Construcción

El terreno elegido fue comprado por Peter King (7º Barón de Ockham y padre de Locke King) al Duque de York. Obviamente fue una herencia que el hijo obtuvo posteriormente. Este emplazamiento comprendía 700 acres (2.832.800 m²) desde la Granja de Brooklands a la Granja del Parque Byfleet. Cabe destacar que Brooklands toma su nombre en el siglo XII durante el dominio de las tierras de la zona por el terrateniente Robert Brook. Finalmente se delimitaron 330 acres (1.335.463 m²) entre el río Wey (que fue desviado para la construcción) y la colina de St. George.

El proyecto comenzó en 1906 con más de setecientos hombres trabajando día y noche los siete días de la semana, solo pudiendo descansar los sábados y los domingos cuando caía el sol. Antes de edificar la zona se realojaron a los minifundistas que ocupaban el terreno seleccionado, 30 acres (121.406 m²) de bosque fueron talados y 350.000 yardas cúbicas (267.594.200 litros) de tierra fueron removidas. En uno de los movimientos de tierra se encontraron monedas, urnas y otros útiles de la época romana que databan de unos 1.600 años de antigüedad.

Tras nueve meses de obra, el resultado fue un óvalo peraltado de 2,75 millas (4.430 metros) de longitud pavimentado con grava y cemento traído de Portland, con dos curvas a izquierdas donde se alcanzaban altas velocidades y un codo de derechas. La instalación podía albergar a 287.000 espectadores pero por seguridad se delimitó a 250.000 de los cuales 5.000 estaban ubicados en una grada principal con asientos. La instalación contaba con una Casa Club ocupada por los comisarios del circuito y un paddock con vestuarios donde los pilotos podían cambiarse y los coches descansar antes de rodar en la pista.

Inauguración, guerras y abandono

El circuito abrió las puertas por primera vez al público el 17 de junio de 1907. Se realizó un almuerzo en la Casa Club a la que acudieron pilotos, jockeys de caballos, personalidades de la época y la prensa. Después una comitiva de coches encabezada por Locke King y su Itala recorrieron la pista por primera vez.

La primera carrera oficial se disputó el 6 de julio de 1907 y fue anunciada en los periódicos como uno de los acontecimientos del momento en el país. Teniendo en cuenta que este circuito fue pionero, y no había ningún canon a seguir, las normas que se marcaron para las carreras estaban basadas en las reglas de competición de la hípica.

En 1909 se construyó el Test Hill, una colina empinada donde automóviles y motocicletas probaban su rendimiento en cuesta. Las motos incluso llegaban a despegarse del suelo al alcanzar la cima a altas velocidades.

La actividad deportiva paró durante la primera Guerra Mundial, cuando se estableció una fábrica de aviones en el emplazamiento del circuito. Tras la contienda la pista quedo dañada por los carros militares que pasaron por la zona aunque fue reparada posteriormente. Muchos pilotos se quejaron del trazado y afirmaron de que nunca volvería a recuperar su mejor aspecto.

El recinto volvió a retornar la actividad competitiva a partir de 1920 donde vivió la mejor década de su existencia. En 1926 y 1927 se disputaron las dos primeras ediciones del Gran Premio de Gran Bretaña, un hito para el país. El motociclismo también tuvo cabida en este circuito, incluso el ciclismo ya que la Unión Nacional de Ciclistas británica lo utilizó para diversas competiciones.

Hasta 1933 fue el único autódromo de Gran Bretaña (Donington Park fue inaugurado en ese mismo año). En 1937 se creó otro circuito tomando partes del trazado de Brooklands pero sin interferir en el total del original. Se denominó como el Circuito Campbell ya que fue diseñado por Sir Malcolm Campbell. El recorrido zigzagueaba su camino a través del centro del circuito de motocicletas, incorporando hábilmente la antigua pista de rodaje.

Al estallar la segunda guerra mundial volvió a convertirse en un centro de producción de aviones militares. Cuando se recuperó la paz, muchos pensaban que se recuperaría la pista como ocurrió tras la primera contienda mundial, pero los costos de reparación eran demasiado altos. Se habían construido hangares temporales en la pista, las bombas alemanas habían explotado en varias partes en 1940 y el camuflaje que se usaba para que no aterrizasen los aviones enemigos de la Luftwaffe, ocultaron el trazado original complicando la recuperación. El gobierno no pudo ver la forma de liberar Brooklands hasta 1949 y, en consecuencia, los accionistas del momento votaron a favor de vender la pista a una empresa privada (Vickers-Armstrongs Ltd) en 1946 y las carreras de automóviles en Brooklands se convirtieron gradualmente en nada más que un recuerdo. Después nunca más se volvieron a disputar competiciones deportivas quedando el recinto abandonado.

Actualidad

Después de más de cien años y a pesar de carecer de muchas de las partes originales, hoy día se puede apreciar mucho de lo que fue el primer autódromo de la historia. Desde 1987 funciona el Museo de Brooklands, que dispone de una gran colección de los primeros automóviles, motocicletas y aviones asociados a la pista, así como un gran archivo de época y visitas guiadas. Indudablemente la zona sigue ligada a la automoción hasta nuestros días, en 2006 se inauguró el centro de conducción de Mercedes Benz, otro museo que repasa la historia de la marca alemana. Lamentablemente, hace unos años parte de la pista de Brooklands fue destruida para dar paso a un parking de supermercado. Los tiempos avanzan pero los recuerdos permanecen, esos que nos permiten viajar al pasado para no olvidar que un día entre una colina y un río se erigió el primer circuito de la historia.

Fotografía | John Chapman | Stephen J. Mason

Deja un comentario